domingo. 19.07.2026

Yo para ser feliz quiero un camión

El camión en Pakistán se convierte en hogar, es una casa rodante en la que los conductores viven a veces durante meses, de ahí la importancia del diseño y el reflejo de la personalidad de cada uno. Estas obras de arte sobre ruedas captaron toda mi atención y admiración. 
571
Un fascinante camión pakistaní aparcado en una gasolinera. | FOTO: Mila Ojea

De todas las expresiones artísticas que he encontrado en mis paseos por el mundo, puedo decir que los camiones de Pakistán son una de las más sorprendentes. Estas verdaderas obras de arte sobre ruedas me dejaron boquiabierta y aproveché todas las ocasiones que tuve para fotografiarlos, verlos de cerca y deleitarme con los miles de detalles que contenían. Decoran los remolques, parachoques, puertas y espejos formando un cascarón colorido como no he visto en ningún otro lugar.

572
Distintas formas de moverse. | FOTO: Mila Ojea

Tengo muy romantizada dentro de mí la vida de carretera pese a que he vivido de primera mano el esfuerzo y la poca recompensa que ofrece este oficio, pero mi ruta por Pakistán abrió una nueva veta en mi visión del ser humano subido a un artefacto multicolor e inmenso, atravesando fronteras y transportando materiales de un lado a otro. Llevando la vida de una parte a otra parte del mapa. Cuando el viajero se detiene, deja de existir, decía Will Ferguson.

573
Un padre y sus dos hijos posan para mí. | FOTO: Mila Ojea

Así fue mi descubrimiento de estos monstruos deformes, vestidos de mil tonalidades, que humeaban sobre el asfalto como caballos que respiran con dificultad, mordiendo el polvo, asomados a los campos de mangos y haciendo sonar la bocina con euforia desmedida. Cada uno tiene su propia personalidad y la exhibe con orgullo. El tiempo ha pasado sobre ellos y los ha dejado hechos trizas, ajenos a las leyes de contaminación, galopando a su libre albedrío, cada uno con su marca y tonos personales, inconfundibles entre ellos pese a su antigüedad.

574
Diablo sobre ruedas. | FOTO: Mila Ojea

Su fama va más allá del país. En algunas galerías alrededor del mundo se han hecho exposiciones de estas bellezas rodantes, en Londres pueden comprarse miniaturas y los diseñadores Dolce & Gabbana se inspiraron en ellos para una parte de su campaña de maquillaje de 2015 en Milán. Algo que no comprenden ciertos pakistaníes, acostumbrados a su presencia, reticentes a darles importancia y mucho menos considerarlos como algo artístico. No es así para los que llegan de fuera: en cuanto uno descubre este tesoro, está deseando encontrar más y más. Aparcados en gasolineras y talleres, desafiando las leyes de la gravedad con sus cargas sobresaliendo por los bordes imposibles del remolque, acumulados en las cunetas para retocar sus dibujos. Hay mucha vida en movimiento.

575
Detalles decorativos. | FOTOS: Mila Ojea

Cada conductor elige la temática y colores del camión que le representa. Se añaden todo tipo de elementos decorativos que convertirán la nave en una pieza única y un espectáculo, como cadenas –les encanta el tintineo-, abalorios, espejos, campanas o pañuelos. Algunos tienen puertas de madera talladas que parecen directamente arrancadas de alguna casa pero quedan perfectas en el contexto del vehículo. También toman un animal como emblema y esta decisión es más importante de lo que pueda parecer a simple vista, ya que les acompañará el resto de su vida.

576
Amin Khan, el guía de mi viaje, tras la puerta de madera de un camión. | FOTO: Mila Ojea

Haji Ali Bahadur cuenta que durante los 40 años que condujo por Pakistán usó  siempre los colores verde y amarillo. A nosotros, los conductores de Khyber, Mohmand y las otras regiones tribales nos gustan las flores en los bordes de los vehículos, y a la gente de las regiones de Swat, el sur de Waziristan y Kashmir les gustan los retratos con montañas y distintos animales salvajes, explica. Las temáticas son infinitas pero destacan motivos florales, símbolos islámicos, pájaros, caligrafía pakistaní, versos o imágenes de La Meca y las cumbres nevadas del Himalaya. La ubicación del tema tiene un orden establecido: las mezquitas y monumentos sagrados van arriba, los paisajes y animales en los laterales y atrás los retratos, viñas y geometrías.

577
Ejemplo colorido. | FOTO: Mila Ojea

El camión aquí se convierte en hogar, es una casa rodante en la que viven a veces durante meses, de ahí la importancia del diseño y el reflejo de la personalidad de cada uno. No está muy claro el comienzo de esta costumbre, pues algunos apuntan a los años 20, cuando se vieron los primeros camiones para larga distancia pintados de una forma llamativa, y otros hablan de los años 40, cuando  los chóferes sij dibujaban a sus deidades como forma de pedir su protección. Antes de la aparición del camión ya había carretas de caballos decoradas por cuestiones místicas y espirituales, ese podría ser el verdadero origen de esta artesanía. Las compañías de transporte desarrollaron logotipos pintados para que la gente analfabeta pudiera identificar sus vehículos. En 1947, con la partición de India y el nacimiento de Pakistán, se invirtió en insignias nacionalistas con el fin de conseguir más clientes. Los logos se fueron volviendo gradualmente más fantasiosos.

578
Un conductor muestra un elemento decorativo. | FOTO: Mila Ojea

Su estilo actual es de tipo caleidoscópico y utilizan todos los colores pero el rojo es el que tengo más asociado a la imagen de estos todoterrenos. En la zona de Sind usan incluso huesos de camello como ornamento. Les encanta sentir que el extranjero se interesa por ellos, que los fotografía y pregunta y admira. Si van a toda velocidad y descubren que estás apuntando con la cámara, reducen y hacen sonar el claxon en agradecimiento. En un país como este, asolado por índices de pobreza mayúscula, invierten una gran cantidad de dinero en la decoración y el mantenimiento, lo que nos da una idea de su importancia. Aquello que empezó casi como un juego se ha convertido en una vistosa tradición.

579
Aparcamiento en un pueblo. | FOTO: Mila Ojea

Haider Ali, por ejemplo, es un artista de Karachi que llamó la atención a nivel mundial en 2002 cuando pintó un camión como parte del Festival Smithsonian Folklife en Estados Unidos con la ayuda del mago de la carrocería Jamil-ud-Din. Su trabajo se realiza íntegramente a mano alzada y atribuye la firmeza de su pincelada a un riguroso entrenamiento. Cuando tenía ocho años, mi padre me dio una gran superficie en blanco y durante meses me hizo dibujar sólo líneas, nada más que líneas verticales, y luego líneas horizontales, hasta que las conseguí perfectas. Nunca me permitieron usar un lápiz o un rotulador, tenía que hacerlo todo con un pincel, recuerda.

580
Preparando la salida. | FOTO: Mila Ojea

Utilizo una amplia gama de colores que representan alegría, felicidad y paz. Un camión de estos puede viajar desde la costa de Pakistán hasta la India, Afganistán o Asia central, no es problema para ellos, relata Haider Ali. Los camiones con colores brillantes y diseños densos se traducen en buenos negocios. Nuestros clientes quieren que sus camiones destaquen. Así sigue siendo.

581
El artista y su obra. | FOTO: Mila Ojea

En un parking de Peshawar tuve la oportunidad de ver de cerca el proceso. Con una bata blanca manchada de pintura de todos los colores y un pañuelo sucio sostenido en su hombro, un hombre de espesa barba negra retocaba bajo el sol, con delicadeza y minuciosidad, un trazo con la levedad de una pluma. Poseía la perfección del detalle, la elección del color correcto, la contención de la sabiduría. Sí, allí estaba todo.

583
Hasta siempre. | FOTO: Mila Ojea

No puedo detenerme porque no quiero dejar de existir. Durante años viajé con un pasaporte que yo sabía que era muy cuestionable, con documentos falsificados: sabía que no era residente legítima en ningún mundo de las ideas. Sabía que era incapaz de pensar. Lo único que sabía por entonces era lo que no podía hacer. Lo único que sabía por entonces era lo que yo no era, y tardaría años en descubrir lo que sí era. Era una escritora. Si hubiera recibido la bendición de poder acceder, aunque fuera de forma limitada, a mi propia mente, no habría tenido razón alguna para escribir. Escribo estrictamente para averiguar qué estoy pensando, qué estoy mirando, qué veo y qué significa. Para averiguar lo que quiero y lo que me da miedo, como dejó escrito Joan Didion.

Yo para ser feliz quiero un camión
Comentarios