domingo 05.04.2020

La agresión a la mujer que logró revertir un cierre

Las mujeres de la comarca, incluso las más pequeñas, fueron determinantes en la reapertura del paritorio del hospital comarcal. | FOTO: Xosé Lois Colmenero.
Las mujeres de la comarca, incluso las más pequeñas, fueron determinantes en la reapertura del paritorio del hospital comarcal. | FOTO: Xosé Lois Colmenero.

Ahora que hemos logrado tener una visibilidad, que el movimiento de las mujeres cuente y se haya convertido en trending topic, en algo a tener en cuenta en los planes de empresa, en el desarrollo de una campaña de marketing y publicidad, en la estrategia de venta de una compañía, convirtiéndose en un capítulo importante sobre el que se trabaja, es hora de que los 8 de marzo y los 25 de noviembre sean todos los días. Porque esto no va de hombres y mujeres enfrentados, sino de hombres y mujeres unidos en igualdad por conseguir el bienestar de ambos sin la subyugación de la mujer ante el hombre.

Verín lo ha demostrado en los últimos meses, ante la agresión que se está realizando a la sanidad pública a través de la punta del iceberg, el cierre del paritorio de su hospital. Hombres y mujeres, niños y niñas, abuelos y abuelas, se plantaron ante lo que era, sin duda, un atentado a un valle castigado como el de Verín. Todos se unieron para que las mujeres fértiles de la comarca, mujeres fuertes, luchadoras, báculos de sus familias como solo puede ser la mujer gallega, pudiesen parir en su pueblo, en su hospital, un hospital que, por cierto, costó mucho conseguir.

Las mujeres, de una u otra manera, hacemos frente a estructuras masculinizadas en las que quedan patentes el techo de cristal o el acoso sexual y ninguneo por parte de compañeros o jefes varones.

Verín ha sido ejemplo nacional, ha sacado pecho y orgullo, la raza escondida en defensa de lo más sagrado: la vida y el derecho a traer una vida a este mundo con garantías, seguridad y facilidades. Juntos, unidos, han logrado revertir lo que era una auténtica fechoría, para las mujeres, para sus hijos y para sus parejas. Las mujeres, de una u otra manera, hacemos frente a estructuras masculinizadas en las que quedan patentes el techo de cristal o el acoso sexual y ninguneo por parte de compañeros o jefes varones.

Hace falta formación y especialización sobre la violencia de género en todos los profesionales que afrontan este problema, es imprescindible. Es necesario y urgente que haya más formación específica del personal judicial, policial y sanitario para tratar correctamente a las mujeres afectadas por esta violencia (...).

Y además, cuando reivindicamos el reconocimiento de nuestro papel en este mundo, que no es pequeño: madres, cuidadoras y profesionales, somos peligrosas radicales. ¿Peligrosas? Si nos faltan desde 2010 a hoy 1.108 mujeres, compañeras, asesinadas por el hecho de serlo y no hay una seguridad efectiva que nos garantice seguir vivas, que denunciando vamos a solucionar el acoso y el maltrato al que todas alguna vez en nuestra vida hemos o vamos a estar expuestas. Hace falta formación y especialización sobre la violencia de género en todos los profesionales que afrontan este problema, es imprescindible. Es necesario y urgente que haya más formación específica del personal judicial, policial y sanitario para tratar correctamente a las mujeres afectadas por esta violencia, porque dedicándole los recursos necesarios podríamos prevenir muchas de esas muertes protegiendo a nuestras mujeres, a sus hijos y a sus familias. Estamos en deuda con las mujeres que llevan lustros peleando porque se hagan efectivos nuestros derechos, los derechos de la mitad de la población del mundo.

La agresión a la mujer que logró revertir un cierre
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