jueves. 18.04.2024

La nostalgia, por supuesto

Desconozco la diferencia entre nostalgia y melancolía pero ambas me asaltan de vez en cuando clavándose como una espina de metal al rememorar esa vieja Italia que he caminado. Aquí va un trocito de Sicilia que reúne una vorágine de sensaciones.
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¿Una jaula vacía o una jaula sin pájaro? | FOTO: Mila Ojea

Es posible que alguna vez hayan escuchado esa historia de un vendedor que pregunta a un cliente:

-¿Quiere la jaula vacía o sin pájaro?

-¿Y cuál es la diferencia? –pregunta el cliente, un poco contrariado.

-La nostalgia, por supuestoresponde el vendedor.

Si hay un lugar donde la nostalgia es marca de la casa, sin duda tiene que estar en Italia. Es más, me atrevería incluso a decir que en Sicilia. Y -¿por qué no?- concretamente en el pueblo de Scicli. ¿Cómo lo sé? Porque allí encontré esa jaula vacía o sin pájaro una tarde de verano.

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Vista general de Scicli. | FOTO: Mila Ojea

Scicli pertenece a la provincia de Ragusa y es uno de los tesoros mejor guardados del Val di Noto. Se sitúa en la confluencia de tres valles: el de S. Bartolomeo, el de S. María la Nova y el torrente de Modica. Con poco más de 25.000 habitantes, se fundó hacia el año 300 a. C. por los siculi, de ahí su nombre, “Sikla", vocablo árabe que significa vasija para ordeñar. También estuvo en manos de los normandos y de los españoles hasta que se integró, a mediados del siglo XIX, en el Reino de Italia. Se han encontrado vestigios de asentamientos griegos, bizantinos, suevos, angevinos y cartagineses, lo que certifica la rica variedad de culturas que han llegado hasta aquí. Pero lo que más marcó a esta localidad fue el terremoto que sufrió en 1693 y por el que tuvo que ser reconstruida.

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Iglesia y montaña. | FOTO: Mila Ojea

De estilo barroco tardío siciliano, hoy en día es un verdadero placer pasear por sus calles y sentir. Sentir con mayúsculas. Hasta se puede dar la circunstancia de estar completamente solo en alguno de sus rincones, y que nuestros pasos sean los únicos que reboten un eco sobre sus fachadas de piedra esculpida bajo la sombra flotante de las flores. En este perderse y encontrarse verán una cantidad de edificios religiosos que les dejarán boquiabiertos.

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El ascenso de los ángeles. | FOTO: Mila Ojea

La iglesia de Santa María la Nova alberga tres naves en su interior neoclásico y un amplio ábside cuadrangular obra de Venanzio Marvuglia, fruto de la reconstrucción. Su pintura central muestra el ascenso de los ángeles. También verán aquí una estatua de la Madonna della Pietà tallada en madera de ciprés, iluminada cálidamente por la luz que se cuela, engatusadora, a través de las vidrieras.

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Fachada y flores. | FOTO: Mila Ojea

La venerada imagen de la Madonna dei Milici está en la iglesia de San Ignacio, que data de la primera mitad del siglo XVIII y es la iglesia madre de la ciudad desde 1874. La Chiesa di San Bartolomeo Apostolo es la más espectacular al estar en lo alto de una colina y rodeada por la montaña como una almohada natural que la protege. Y a estas dos bellezas hay que sumar las iglesias de San Mateo –símbolo de la ciudad-, del Carmine con sus blancos estucos, de Santa María de la Consolación, de San José, de Santa Teresa, de San Miguel y de San Juan Evangelista. Además del Convento del Rosario, el della Croce y el de los Capuchinos.

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Dando forma a la madera. | FOTO: Mila Ojea

La serie “The offer” (Michael Tolkin, 2022) relata la odisea del rodaje de la que está considerada como la mejor película de la historia del cine: “El padrino”. En una de las escenas, el equipo de grabación, recién llegado a Sicilia para rodar unas importantes tomas necesarias para el film, van en el coche y el director, Francis Ford Coppola, mirando por la ventanilla, respirando Italia por todos sus poros, pregunta:

-¿Sabes qué me dijo una vez mi abuelo Francesco Benino sobre Italia?... Era compositor y me dijo que cuando emigró a Estados Unidos, echaba muchísimo de menos su hogar y que, cuando finalmente regresó, fue como retomar un viejo y querido instrumento que no había tocado en mucho tiempo. Sí, al principio sonaba un poco desafinado, pero cuando empezó a tocarlo, todas las notas volvieron a ser familiares. Para mí es como si… como si oyera esas notas por primera vez…

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Detalles de balcón. | FOTO: Mila Ojea

Vengan a descubrir cada fiesta de esta localidad: Carnaluvari ra Stratanova, el carnaval de la ciudad que se celebra en ese barrio; la tradicional fiesta de las Cabezas de Turco el último sábado de mayo; la música popular en el veraniego Taranta Sicily Festival; la procesión de Il Gioia en Semana Santa; la procesión de caballos y jinetes entre las hogueras de la ciudad el 19 de marzo en la Cabalgata de San Giuseppe; la Festa delle Militias en mayo. Gastronomía, cultura, sonidos, todo en esta pequeña Italia es digno de celebración. El abuelo de Coppola sabía de lo que hablaba.

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Religión y naturaleza. | FOTO: Mila Ojea

Hablemos ahora de sabores: pasta con col, raviolis o cavatelli (pasta sin huevo) en su jugo, caturro o polenta siciliana, alubia cosaruciaru, ‘mpanate (empanadas), panzerotti (empanadas de carne de pollo o pavo con patatas asadas), sepia, scacce (pizza rellena con tomate, berenjena y cebolla), rosquilla de queso caciocavallo, pimienta negra y embutido (se sirve en la fiesta del Cucciddatu Scaniatu). Y de postre, la joya de Sicilia: los irresistibles canoli. ¿Qué sería la vida sin un toque dulce?

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Tardes de verano en soledad. | FOTO: Mila Ojea

Les voy a resumir en apenas unas líneas lo que aquí se puede considerar una tarde perfecta: caminar bajo el sol protegidos con un sombrero, comprar un gelato de pistacho en la Piazza Busacca, pararse a cortar una rosa, cruzarse con algún cura que oculta su mirada tras unas gafas oscuras, charlar con un escultor que esté tallando un tronco, sentarse en un café y tomar… pues eso… un café, abrir un periódico y leer noticias en italiano –esa vieja lengua viva- que no entendemos lo que cuentan pero suenan bien, encontrar un barquito de papel naufragando en un charco, maullar a un gatito, ver pasar a mujeres hermosísimas con labios rojos de puro fuego…  Todo se mezclará con la alegría y seremos conscientes de que el tiempo se oxida antes de que lo respiremos. Así sucederá.

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Puerta con adorno superior. | FOTO: Mila Ojea

Rodarán envueltos en esa vorágine inagotable que todo lo tiñe, que todo lo abandera, que nos remueve y descalza y atraviesa. En un pestañeo habrán pasado de la introducción al epílogo. Desconozco la diferencia entre nostalgia y melancolía pero ambas me asaltan de vez en cuando clavándose como una espina de metal al rememorar esa vieja Italia que he caminado. Y me viene a la cabeza esto que canta Amaral con voz triste: La melancolía es un licor bien caro / y no te has dado cuenta, / ya te ha emborrachado. Empezará a nacer una chispa que acabará en lumbre dentro de su pecho. Abandónense dulcemente. Ya no será un día cualquiera. Entonces la verán: una jaula colgada de una rama, como una aparición o señal o notas musicales que suenan por primera vez, una jaula vacía o sin pájaro. Y tendrán que elegir. Siempre hay que elegir. Pero todo se basa en algo muy simple. Sí, lo han adivinado: la nostalgia, por supuesto.

La nostalgia, por supuesto
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