mércores 08.04.2020
los verinenses, a juzgar por las imágenes de esta misma mañana, parecen todavía no calibrar la gravedad de la pandemia

Una verinesa en cuarentena en Milán advierte a Verín: "Aquí, la verdad, la situación es dramática"

Cristaleros, fontaneros, transportistas de ferralla, operarios en las obras del AVE o albañiles son algunos de los profesionales que este lunes también han ido a trabajar en Verín sin considerarse su actividad como de primer grado de necesidad. La gran mayoría, sin los suficientes equipos de protección individual para protegerse de la enfermedad, y proteger a los demás. 

En las céntricas calles de la villa el tráfico rodado era de un nivel de intensidad muy superior al que aconsejan las autoridades y sugiere la situación de confinamiento en los domicilios. 

Por si muchos de ustedes no tienen claro todavía la gravedad de la pandemia, nada menor que leer las declaraciones de una verinesa en cuarentena en Milán, exclusivas para este diario

En época de confinamiento familiar, no pueden perderse las viejas costumbres de los "faladoiros" galegos. | FOTO: Cedida por uno de nuestros lectores.
En época de confinamiento familiar, no pueden perderse las viejas costumbres de los "faladoiros" galegos. | FOTO: Cedida por uno de nuestros lectores.

Un ligero paseo por la villa esta misma mañana no deja lugar a muchas dudas de que la población verinense no está siendo lo suficientemente estricta en el cumplimiento de las limitaciones de movimiento establecidas por la situación de estado de alarma

Las calles tenían, a media mañana, un movimiento inusual que no se justificaba por los desplazamientos de aquéllos que podían estar en sus puestos de trabajo. Bien es cierto que el movimiento era menor que en un día en el que la mayoría de los establecimientos están abiertos, pero sí se comprobaba con bastante facilidad que buena parte de los que transitaban lo hacían sin ser lo suficientemente conscientes de la gravedad que puede llegar a suponer la pandemia. 

Después de desaforadas compras de las últimas jornadas en los principales supermercados, seguía el flujo de población hacia sus estantes. Eso sí, con aforos limitados. El vigilante de Mercadona contaba hasta 150 e impedía el acceso si esa cifra se superaba. Eroski ampliaba el guarismo hasta los 194 en todo su recinto de Luis Espada y Hermanos Fernández Álvarez. En todos ellos, Gadis incluído, era fácilmente comprobable que no se tomaban las más mínimas medidas higiénicas por parte de los clientes, sí, por contra, sus empleados. Los carros se manejaban sin guantes, e incluso algunas amas de casa no tenían reparo en agarrar la fruta sin ninguna protección, medida que no es nueva en ese tipo de secciones y debía respetarse escrupulosamente en cualquier situación. 

En la plaza se mantenían los paseos, fundamentalmente de gente mayor, así como el trabajo de cuatro albañiles en una de las calles de acceso a la misma. Se afabanan, pasadas las doce del mediodía, en preparar el piso del bajo de una vivienda en fase de rehabilitación. 

Cualquiera de los principales cruces de la villa eran un vivo reflejo de la falta de temeridad de los ciudadanos al más que previsible avance de la pandemia. Cerrajeros, cristaleros, fontaneros, repartidores de mensajería, transportistas de metal (que no de bienes de primera necesidad), vendedores de cadenas de ferretería... eran algunos de los automóviles que transitaban en las principales intersecciones. Recorrer la carretera que une Verín y Laza no dejaba tampoco lugar a dudas de que las obras del AVE permanecían en curso o que incluso era tiempo de tirarse al monte para retirar madera cortada. Todos, casi sin excepción, lo hacían sin las más mínimas medidas de protección individual. Ninguno de ellos portaba mascarilla o guantes al volante, y algunos lamentaban, consultados por el particular, "que a nós non nos deu nada o noso xefe, non só para protexernos nós, senón para protexer á xente coa que estamos se é que estamos contaxiados sen sabelo aínda".

La impresión de quien suscribe era, además, corroborada por varias de las personas que, con razones más que justificadas, debían permanecer en la calle. Antonio Justo, médico y responsable de las clínicas dentales Dentalnova era uno de ellos, que se desplazó a su lugar de trabajo exclusivamente para atender a un par de urgencias de sus pacientes: "Esto así no lo paramos. La gente sale a la calle con una simple justificación, sin ser consciente de la realidad y la gravedad del problema. En el bloque de mi domicilio, tengo un par de gestorías muy cercanas. La gente entraba y salía sin problema de ellas a primera hora como cualquier día normal", asegura. 

carretilloEsa carretilla de obra, evidentemente, no estaba sola. Dentro de la vivienda que se rehabilita, al menos tres operarios de la construcción sin ninguna mascarilla de protección. | FOTO: Xosé Lois Colmenero. 

A xente non é o suficientemente consciente do que se nos pode vir enriba. De que os recursos son moi limitados na asistencia médica e hospitalaria para poder dar tratamento a un volume importante de afectados (Rosa Fernández, boticaria)

Una de las trabajadoras del sector sanitario, concretamente el farmacéutico, Rosa Fernández, incidía en la misma visión: "A xente non é o suficientemente consciente do que se nos pode vir enriba. De que os recursos son moi limitados na asistencia médica e hospitalaria para poder dar tratamento a un volume importante de afectados. Coñezo a xente ás que lles din que teñen que ir a traballar mentres que os que lles dan as ordes quedan na casa. O meu problema é o de moitos. Teño unha nena, a miña parella tamén traballa. Cando non estamos os dous na casa, a cativa ten que ir para a casa dos avós, maiores e un deles cunha enfermidade pulmonar obstructiva crónica. É un cidadán de risco que pode perfectamente ser contaxiado se a miña cativa queda con el e é transmisora. Cal é a solución? Deixar á miña filla soa na casa?". Esta boticaria tiene claro "que as medidas deberían de ser outras e confinar realmente á xente nas súas casas, deixando só os verdadeiros servizos esenciais activos. O que si debo decir, e así llo quero agradecer aos clientes da farmacia, é que están a respectar as medidas establecidas e as distancias connosco. Case toda a xente leva o que precisa para non ter que volver nuns días", concluye Rosa Fernández.

Aquí la verdad la situación es dramática, con más de 1.000 muertos, hospitales saturados, falta de personal sanitario... La única forma de frenar el contagio es aislarse, quedarse en casa y, sobre todo, seguir las pautas dadas (una joven de Verín en cuarentena en Milán)

Para concluir el breve repaso de la crónica de un par de horas por las calles de Verín, con toque de atención de los agentes de la Guardia Civil incluido, Diario do Támega transcribe de forma literal el mensaje enviado por una verinense en cuarentena a pocos kilómetros de la ciudad de Milán. Ha pedido mantenerse también en el anominato, pero el mensaje que deja no tiene desperdicio:

"Vivo en Milán desde hace 10 años, y nunca se me hubiese pasado por la cabeza vivir una situación así .
Intento explicar desde hace ya semanas la situación a mis familiares amigos en Galicia, pero me doy cuenta de que si no lo vives en primera línea, es difícil de entender. Aquí la verdad la situación es dramática, con más de 1.000 muertos, hospitales saturados, falta de personal sanitario... La única forma de frenar el contagio es aislarse, quedarse en casa y, sobre todo, seguir las pautas dadas: Lavarse, desinfectar, mascarilla (que tengo entendido que en España dijeron que no era necesario... ¡que barbaridad!), guantes y evitar estar a menos de un metro de otras personas. En Italia, a diferencia de España, se han hecho y se están haciendo muchísimos test
", concluye esta mujer de "Verín de toda la vida". 

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