sábado 22.02.2020

Cuando parir en el rural se vuelve un acto de fe

Multitudinaria fue este sábado la escenificación del entierro del hospital de Verín. | FOTO: X. L. Colmenero.
Multitudinaria fue este sábado la escenificación del entierro del hospital de Verín. | FOTO: X. L. Colmenero.

Mira tú por dónde que hoy 8 de diciembre estamos de fiesta, que no para fiestas. Hoy celebramos el día de la Inmaculada Concepción.

Y mira tú por dónde también, que hace una semana acudí a la villa de Verín, a una de las manifestaciones más multitudinarias y emocionantes que recuerdo. Y lo hice movida no por la fe, sino por la indignación y la rabia que me produjo el desprecio más absoluto a la salud y seguridad de las mujeres embarazadas, de sus bebés y de las niñas y niños que viven en esa parte de Galicia.

Os aseguro que esa tarde fue algo memorable, un ejemplo de unión entre todos los pueblos de la comarca, pero no para recordar, sino para dar un paso atrás y rectificar. Mi abuela, una mujer muy inteligente, decía que hacerlo era de sabios. Nuestros políticos deberían estar a la altura, y no lo están —muy sabios se ve que no son— y no lo están porque no escuchan. Se creen por encima del bien y del mal.

Emociona mucho ver a 20.000 personas, en la calle, defendiendo sus derechos, los que todos tenemos en este país. ¡Anda!, si hace dos días también celebramos nuestra querida Constitución, que en su flamante artículo 14 dice que todos los españoles somos iguales ante la ley. ¿En serio?  

La desmantelación salvaje y progresiva a la que están sometiendo servicios tan básicos como la sanidad en Galicia, asusta

La desmantelación salvaje y progresiva a la que están sometiendo servicios tan básicos como la sanidad en Galicia, asusta. Y asusta porque, como decía uno de los lemas de esa tarde, "No somos números. Somos personas".

Comprometerse de verdad y comenzar a hacer las cosas bien, evitando que se respalden dichos recortes, sin tener en cuenta intereses a favor de corporaciones y/o clínicas privadas, ayudaría a frenar esta sangría. Porque el rural se muere.

Contemplar a toda esa gente me devolvió la fe, fe que se esfumó cuando leí las declaraciones de nuestro conselleiro de Sanidade, afirmando que un parto no es un infarto. Que no es una situación ni crítica, ni de emergencia, —será por las veces que ha parido él— que dispones de varias horas antes del tan esperado acontecimiento. ¡Vamos!, que puedes irte de compras, a tomar unas cañas incluso, y luego ya, con toda la calma si eso, irte al hospital. Siempre en un estado zen, respirando controladamente y sin perder los papeles. No vayamos de histéricas por la vida.

Contemplar a toda esa gente me devolvió la fe, fe que se esfumó cuando leí las declaraciones de nuestro conselleiro de Sanidade, afirmando que un parto no es un infarto. Que no es una situación ni crítica, ni de emergencia, —será por las veces que ha parido él— que dispones de varias horas antes del tan esperado acontecimiento

La cosa podría ser así:

    —¡Uy, cariño! Creo que he roto aguas, tengo contracciones, estoy sangrando, etc…

    —Bueno, no es nada, tranquila, que ya lo ha dicho el conselleiro, no te está dando un infarto. Podemos terminar de comer tranquilamente, hacer esos recados que tenemos pendientes y luego ya te llevo dando un paseo por la autovía. ¡Ah! Y pregúntale a la vecina si tiene alguna gestión que hacer, que de paso que vamos a la capital, pues ya le hacemos el favor…

Os aseguro que en este caso, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Yo sí he parido tres veces, y he sufrido un aborto, en el que tener un hospital cerca me salvó la vida. Y tener ese mismo hospital a quince minutos de mi casa evitó, en mi segundo embarazo, que mi hijo naciese en el asiento del coche

Yo sí he parido tres veces, y he sufrido un aborto, en el que tener un hospital cerca me salvó la vida. Y tener ese mismo hospital a quince minutos de mi casa evitó, en mi segundo embarazo, que mi hijo naciese en el asiento del coche. Porque sí, señor Vázquez Almuíña, cuando las cosas van bien, van bien, pero cuando se tuercen son dos vidas las que están en juego. Dos. No lo olvide.

El hospital de Verín lleva 25 años funcionando. Da cobertura a unos 40.000 habitantes, incluyendo los ayuntamientos de Castrelo do Val, Cualedro, A Gudiña, Laza, A Mezquita, Monterrei, Oímbra, Riós, Verín, Vilardevós y Vilariño de Conso. 

Las mujeres llevan pariendo con seguridad en él. Los niños y niñas de la comarca tenían un servicio de urgencias pediátricas que también ha sido suprimido, en el que sus madres y padres confiaban cuando sus hijas e hijos enfermaban. ¿No tienen esas criaturas los mismos derechos a ser atendidos en igualdad de condiciones que los niños de otras zonas de Galicia?

¿Recordáis nuestra Carta Magna? Por lo visto aquí no vale.

Le piden a las mujeres que hagan un acto de fe. Que confíen, como San Agustín, en que todo va a ir bien.

¿Y si van mal?

Que Dios nos coja confesados.

Y a usted, el primero, señor Vázquez Almuíña.

Hoy va por Verín.
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