El pasado 24 de febrero, la avenida Luis Espada de Verín fue el escenario de un plan criminal que parece sacado de una comedia de enredos. Un ya exrepartidor de la agencia MRW en la villa, natural de Castrelo do Val, decidió que era buena idea apropiarse de un paquete cargado de joyas en un establecimiento de compro oro y sustituirlo por algo mucho más mundano: un grifo.
Una maniobra de distracción poco brillante
El joven pensó que bastaba con arrancar la etiqueta original del envío y tirarla a la basura de su propia nave para borrar el rastro. En su lugar, preparó un paquete de apariencia idéntica pero con contenido de fontanería, esperando que nadie notara la diferencia. Sin embargo, la alarma saltó de inmediato cuando los remitentes denunciaron que el oro no llegaba a su destino. Tras las pesquisas iniciales, apareció el envoltorio falseado, confirmando que el botín había "volado".
El rastro del DNI
No contento con el sutil cambio de mercancía, el repartidor tuvo la "feliz" ocurrencia de intentar dar salida al oro sustraído en otro local de compra-venta en Ourense. Lo hizo de la forma más rastreable posible: aceptó el cobro mediante transferencia bancaria y facilitó su DNI a los compradores. Con semejante rastro de migas de pan, los agentes no tardaron en ponerle nombre y apellidos a la transacción y proceder a su detención.
Despido fulminante y cargos judiciales
La jugada le ha salido cara al investigado, que ya ha sido despedido de su puesto de trabajo. Tras pasar a disposición judicial, se enfrenta ahora a una causa por:
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Delito de hurto: por la sustracción de joyas y oro valorados en varios miles de euros.
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Delito de estafa: por la manipulación del envío y el engaño a la empresa y clientes.
