domingo. 19.07.2026
Alumna y más tarde compañera de profesión y pasión, "Teresiña" se despide de la que fue su mentora

OBITUARIO | Las varias generaciones marcadas por Esther Francisco Manso

La profesora de Literatura del IES Xesús Taboada Chivite, Esther Francisco Manso.
La profesora de Literatura del IES Xesús Taboada Chivite, Esther Francisco Manso.

“Late, corazón... No todo
se lo ha tragado la tierra.”

Antonio Machado

Esther fue mi profesora de Literatura en 3º de BUP y en COU. A ella llegué con muchos prejuicios y muy favorablemente predispuesta, porque siempre había oído hablar en mi casa con respeto, cariño y admiración hacia ella, a mi madre y a mi padre, que la apreciaban mucho, a ella, y a Marito, y a Lucía, y a Jorge. No eran familia, pero como si lo fueran. Yo heredé una suerte de afecto y aprecio incondicional que luego el trato no hizo más que corroborar y consolidar.


Seguramente Esther alucinaría si supiera que aun hoy recuerdo muy vivamente muchas cosas de sus clases sobre el “Libro de Buen Amor”, El “Quijote”, “La Regenta”, “Soledades, galerías y otros poemas”, “Luces de Bohemia”, “Tiempo de silencio” o “La colmena”. Y por eso me pesa tanto no habérselo contado nunca, pero es que para decir estas cosas, que son tan importantes, parece que inexplicablemente no se encuentra momento ni ocasión.

Y, vaya mierda. Porque sí, Esther está en el corazón de mi formación literaria, y de mi amor por la literatura, y por el análisis literario, y el espíritu crítico, y el leer para ir más allá.
Y está también en mi corazón como profe. Ella fue mi tutora de prácticas del CAP aquel, que a mí me sirvió sobre todo para reencontrarme con ella. Y fue mi tutora de prácticas como funcionaria cuando aprobé la oposición. Y la mejor guía y compañera durante mis primeros años en el Chivite, como profe de Lengua y Literatura.

Con ella. Siempre generosa, siempre inteligente, siempre certera, siempre divertida, siempre afectuosa, siempre sencilla, siempre compañera del alma, compañera. Un gusto y  una riqueza intercambiar con ella impresiones, inquietudes, proyectos, quejas. Un lujo comentar lo humano y lo divino con ella. Contarle ideas y dudas, intercambiar apuntes y exámenes, materiales y propuestas. Su mirada inquisitiva, su sonrisa atenta.

Ella me dijo que intentara adaptarme siempre a lo que me encontrara en el lugar donde me tocara enseñar, y me enseñó a variar mucho y siempre las clases para que no fueran pesadas. Y, con su ejemplo, a estar abierta siempre a nuevas corrientes e ideas.
Cuando me fui del Chivite la dejé de Secretaria. Se alegró de mi partida porque ella sabía que era para bien, pero qué mierda: no volví a verla.

Una piensa que siempre habrá ocasión, porque en un pueblo tan pequeño, tenía que haberla. Un encuentro un verano, unas Navidades, quizás un Entroido (recuerdo pillarla alguno, con peluca, capuchón y sonrisa de oreja a oreja…), Pero no.

Esther Francisco Manso, el pasado verano.
Esther Francisco Manso, el pasado verano.

Me ha quedado pendiente un abrazo y contarle muchas cosas, que sé que ella habría escuchado con sus ojos vivaces y su sonrisa abierta. He sabido de ella estos años siempre por otros, especialmente por su Lucía, la mejor heredera de su talante y su trato y sus maneras. Pero siempre pensé que volvería a verla. Siempre esperé volver a verla. En esta ocasión o en aquella.


Somos varias las generaciones marcadas por Esther. Y me consta, de gente que ni siquiera tuvo que dedicarse a la literatura para recordarla siempre como la profesora excepcional que era, y que consiguió eso tan difícil y tan esencial de contagiar el entusiasmo por tu materia. Que seguramente es y será siempre la clave y la aspiración de la docencia. De la verdadera docencia, que es la que deja huella, Si no, pa’qué.


Y en esta muerte repentina, que nos ha cogido a tantos por la espalda y la peor de las sorpresas, solo me duele pensar que quizás Esther no sabía cuánto la quería y la admiraba. O bueno, cuánto la quiero y la admiro, en realidad. Porque si hay algo que no muere con la muerte, es lo que sentimos por los que se van, que se queda vivo mientras late el corazón.


Así que late, corazón, que no: no todo se lo traga la tierra.

Esther Francisco Manso falleció el pasado sábado 27 a los 76 años de edad. Contribuyó durante más de cuatro décadas a hacer un poco más cultas, sobre todo en el arte de la Literatura Española, a las muchas generaciones que pasaron por su aulas del IES Xesús Taboada Chivite. Este domingo 5 de octubre recibirá su último adiós en el Santuario de Os Remedios, a las 19:00 horas. 
Despediremos así a una de nuestras fans más destacadas, que siempre nos mostró su apoyo y congratuló de nuestra iniciativa desde que vimos la luz. 
D.E.P.

 

OBITUARIO | Las varias generaciones marcadas por Esther Francisco Manso