Hay jugadoras que acumulan títulos y jugadoras que reconfiguran el ecosistema a su alrededor, y Antía Pérez lleva tiempo siendo las dos cosas, pero fue su participación en el primer Mundial de fútbol sala femenino de la FIFA, celebrado en Filipinas en noviembre de 2025, lo que terminó de proyectar su nombre más allá del circuito especializado, porque tras décadas de competiciones sin respaldo oficial el futsal femenino obtuvo por fin su mayor escaparate con aquel torneo, y cuando una jugadora anota en la fase de grupos de una cita así, conduce a España hasta las semifinales y protagoniza una de las actuaciones más comentadas del combinado nacional, el mercado de fichajes empieza a moverse de formas que antes no se movía. La FIFA documentó cómo aquel torneo cambiaría para siempre el rumbo del deporte, y los despachos de varios clubes empezaron a confirmarlo antes de que se apagaran los focos del PhilSports Arena.
Lo que ocurre después de un torneo inaugural siempre es revelador, con contratos que se reescriben, clubes que recalculan y agentes que llaman, aunque en el fútbol sala femenino español ese proceso ha tardado más en arrancar que en otros deportes, porque la disciplina vivió durante años en una especie de limbo donde el talento no tenía precio de mercado real dado que el mercado mismo apenas existía como tal. La confirmación de que Antía Pérez causó baja en el Castro Bloques Cando al cierre del mercado de verano 2025/26 no es solo un movimiento más en la hoja de cálculo de la Primera Iberdrola, sino la evidencia más concreta de que la convocatoria al Mundial, y todo lo que vino después, alteró su cotización de una forma que ninguna Eurocopa había conseguido del mismo modo, porque el bronce conquistado en Filipinas, la exposición televisiva y el sello FIFA actuaron como palanca que el sistema llevaba años necesitando; no es que el mercado de fichajes no existiera antes, es que operaba sin datos, sin visibilidad internacional y sin la presión que genera saber que otros también están mirando.
Eso tiene un nombre concreto: cotización, y el mercado del fútbol sala femenino lleva temporadas generando movimientos que siguen de cerca los analistas deportivos especializados en fútbol sala. Se traslada también a los mercados de cuotas, previsiones e incluso a las apuestas al mercado de fichajes que también representa un caldo de cultivo ante lo que depara cada nueva temporada para los equipos.
La trayectoria de Antía Pérez no es la de un meteoro sin raíces, pues natural de Laza y con 25 años cuando arrancó la temporada mundialista, labró su juego en el Burela FS antes de recalar en el Castro, donde llegó como refuerzo de peso para un proyecto en construcción, y aunque la jugadora reconoce que su mayor evolución fue la mental, «lo que más evolucionó fue la cabeza, todo lo vivido me dio temple y tranquilidad en la pista», según declaró en el tramo previo al torneo, esa combinación de talento curtido en la adversidad es exactamente el perfil que los clubes de mayor presupuesto persiguen cuando salen al mercado.
España llegó a Filipinas respaldada por un ciclo triunfal, tricampeona de Europa y finalista de la UEFA Nations League de 2025, con una convocatoria que mezclaba veteranía y apuestas en construcción, aunque ese bagaje no había sido suficiente para que los grandes clubes europeos pujaran con consistencia por las integrantes del combinado nacional, de modo que el Mundial acabó siendo el detonante que faltaba.
Lo que llama la atención, y aquí conviene detenerse, es la diferencia de velocidad entre el reconocimiento mediático y los movimientos reales del mercado, porque cuando la selección española goleó a Marruecos por 6-1 en cuartos de final y los medios nacionales empezaron a hablar del equipo de Clàudia Pons como candidata al título, el impacto sobre las negociaciones fue casi inmediato en algunos casos y absolutamente nulo en otros, de manera que hay clubes que ya rastrean el mercado con ojos distintos mientras otros operan con la misma lógica de antes de Filipinas, y ese desfase dice más sobre la estructura del fútbol sala femenino español que cualquier declaración institucional.
El debate que se instala ahora es si la Primera Iberdrola tiene músculo para retener a sus mejores jugadoras o si terminará operando, como ya ocurrió en el fútbol once femenino, como cantera de exportación para competiciones con mayor capacidad económica. Portugal y Brasil llevan años construyendo ecosistemas propios con lógica de largo plazo, mientras España, con la liga técnicamente más exigente del planeta, sigue sin cerrar la distancia entre ese nivel y las condiciones económicas que ofrece, de forma que el bronce de Filipinas tiene lecturas distintas según el ángulo desde el que se mire: desde la pista fue insuficiente para un equipo que aterrizó en Manila con ambición de oro, pero desde el mercado fue suficiente para que varios teléfonos empezaran a sonar de una manera que antes no sonaban.
La pregunta que permanece no es si Antía Pérez encontrará un destino proporcional a su nivel, sino si ese destino va a estar en España o fuera.
