Luns. 04.03.2024

Todos aquellos que siguen a este diario, y a este quien suscribe estas esporádicas crónicas de plenos insufribles, saben de mi demostrada y declarada querencia por las sesiones lazanas. Saben también los lectores que desde que el buen Jesús (Blanco) no lidera la avanzadilla sociata por aquellos lares, esas citas no son, ni de lejos, las mismas. 

Por eso que esta mañana de martes 10 de octubre, ávido de emociones que ya no hallo en la Rúa do Castiñeiro, 4, quise conocer, de primera mano, la urgencia de la convocatoria fijada por el Concello de Verín en busca de la autorización necesaria del mayor número posible de ediles para solicitar 2,6 millones del ala y pagar algunas de las facturas que se le acumulan en el portfolio al alcalde verinense

Sea como fuere, allí que nos constituimos. Y no en vano. La primera de las satisfacciones recibidas, en la frente. No recordaba el tiempo que llevaba este sujeto sin recibir el afectuoso saludo de un portavoz local del Partido Popular. Y hete aquí que así fue, para más sorpresa de terceros que de los propios intervinientes.

Ya en su escaño, Lara Da Silva intentó inicialmente elevarse por encima del resto con una caja llena de benjamines de Sousas -esto es, la colocó como cojín para estar a la altura-. Pero se iba de plano, y optó por desistir. Volvió a su envergadura natural y utilizó la lengua de Cervantes -a lo Sémper en el Congreso pero al revés- en parte de su alocución -alguna que otra risa se apreció en el banco nacionalista-. Y así, buscó convencer al regidor de que intentaba embaucar a los verinenses con su indiscutible capacidad para darle la vuelta a los números justificando una operación de tesorería que, según la portavoz popular, se estaba convirtiendo en una suerte de triquiñuelas encadenadas, año tras año, dejando entrever que el Concello debía más de lo que desde el grupo de Gobierno declaraba.

Y fue ahí cuando el regidor decidió darnos a todos una apurada clase de contabilidad pública midiendo el discurso para no colocar en la evidencia a su oponente política. Si para Lara Da Silva, el pedir recurrentemente 2,6 millones de euros año tras año confirma que el endeudamiento adicional vino para quedarse; para el primer edil no deja de ser una necesaria operación de préstamo con la que hacer frente a los pagos corrientes en aquellos momentos del año en el que las arcas no se llenan con los impuestos.

Sea como fuere, acabó aprobándose la liquidación del 2022 -también la mencionada operación- con el voto desfavorable de los populares, y en ella, así, para que ustedes lo entiendan se declararon, a 31 de diciembre de ese mismo año, los siguientes números: al Concello de Verín los contribuyentes le deben la friolera de 5,2 millones de euros en impuestos y tasas aún no cobradas, de los que unos 2 millones no están ni ya nunca se le esperan (son los de dudoso cobro).

En ese mismo documento, el grupo de Gobierno reconoce que tiene 1,9 millones de euros de facturas incorporadas a los diferentes presupuestos (los cerrados y el último del 2022) que aún no ha pagado. A las que hay que sumarle unos 2,9 millones de operaciones no presupuestarias y -aquí viene el meollo- otros 3,7 millones de facturas que aún no han encontrado acomodo en el presupuesto -vaya, las de la famosa cuenta contable 413 que no es más que una especie de cajón desastre en el que caen facturas para las que, bien no había suficiente saldo en esa partida, bien ese gasto no tenía partida descrita en el documento inicial-.

Sin embargo, lo mejor y más relevante de todo lo acontecido en el pleno de este martes -histórico diría yo- ha sido, es y lo será para los anales, el sentido y afectuoso abrazo en el que el regidor y la portavoz popular se fundieron mientras un servidor recogía bártulos -de no haberlo hecho tan pronto habría constancia documental de ello, se lo aseguro-. 

Quizás ese gesto de un paternalista alcalde, comprensivo con una recién llegada a la lid política y casi disculpándose por la cátedra en pleno pleno, es mucho más representativo y esperanzador de lo que pueda parecer. Puede que ese sencillo acto de dos personas que se pueden interpelar por lo público pero que nunca se perderán el respeto en lo privado, acabe marcando la historia local de esta villa y de esa casa consistorial, dejando atrás indecentes cuitas sin escrúpulo alguno; y fije, para tiempos venideros, una inquebrantable línea roja: la del profundo y sincero respeto a lo personal por encima de cualquiera que sea la diatriba ideológica que los haya enfrentado. 

A Gerardo Seoane le salen unos números, ya saben: "O Concello non é unha hucha". Lara Da Silva echa sus cuentas. No coinciden pero, por primera vez en muchos años -lustros quizás- ganan los verinenses.

Ahhhh... Y por si no tienen Netflix y disponen de media hora libre, en la foto de portada, el vídeo íntegro del pleno. 

CRÓNICA | El abrazo