Parece que lo de Masterchef ha dejado huella entre los romeros, que hasta algunos de ellos se han lanzado a un producto de mar para incluirlo entre el menú de una jornada festiva más de San Antón, la que indefectiblemente marca el inicio del Entroido, tan tan cerca en este 2026.
Como siempre, dos zonas bien diferenciadas y claramente marcadas por la edad. Capilla abajo, las y los valientes de sangre joven capaz de pasar la noche casi a la intemperie -únicamente protegidos por algún que otro plástico o, en el mejor de los casos, por una tienda de campaña de Decathlon-. Muchos de ellos y ellas tuvieron su primer contacto con el hacha o la hoz, para proveer de sólido elemento a las numerosas hogueras levantadas.
Al lado de la capilla y muy próximos a la carretera de acceso a la romería, los más "talluditos". Quizás esa proximidad se ve también obligada por el transporte de los víveres, la leña y, cómo no, de las cada vez más robustas y coloridas carpas en las que refugiarse -de la lluvia que acechaba y no llegó en las horas centrales, sí a eso de las seis de la tarde y en muy poca cantidad- y del frío, que sí estaba y calaba, más aún, por una niebla que no quiso levantar.
Del menú... Imagínense. El chorizo parece estar convirtiéndose en producto de segunda, cuando de competir con cordero asado, tira de costilla, caldo o paella se trata. Si el ingenio y la competencia se ponen a prueba en el montaje previo del puesto de grupo, en lo que a los diferentes y nada hipocalóricos menús, la sana pero grasienta rivalidad afina. Aunque hubo quien también optó por el mejillón como primero y liviano entrante.
Don Óscar volvió a dejar titulares. Desde un "que pouco me gusta esa barra de bar tan cerca do altar" -que lo estaba y se agradecía- hasta un "o diñeiro só serve para gastar", para justificar el discurso que sitúa al vil metal como causante de los principales males del planeta. Llegó a hablar de corrupción y de las citas del Sergas -y el fraude que supone la venta de las mismas por algún listillo aprovechado, argumentario que un vecino de homilía acabó resumiendo en un "carallo, como cambiaron as misas".
Eso sí, pese al repasito que le dio el párroco titular el parné, se pasó el cepillo e incluso acabó la eucaristía con la también tradicional subasta de las andas de San Antón, esa suerte de puja para que los devotos lo introduzcan en su capilla, en la que ya reposa tras la sesión de A Gramola. Antes no podría -por el estruendo-.
La romería acabó animándose después del mediodía, consolidándose como uno de los años de mayor afluencia tras pandemia.
Ahora sí. En Verín, inaugurado el año, el Entroido y el calendario de variopintos constipados.
FOTOS: Anabel G. Simón, una romera más.
Dos cigarrones realizaron varias carreras antes y después de la celebración eucarística.
Los perros, los otros protagonistas de la romería.
Escenario festivo para la tradicional misa.
El fuego -y la leña-, otro de los grandes protagonistas de la jornada.
Cada vez las carpas son mucho más sofisticadas y vistosas.
En todos y cada uno de los grupos el menú era de todo menos hipocalórico.
Víctor, del Brasil, también en San Antón, a los "fogones". | FOTOS: Cedidas.
Desde la dirección de restaurante Brasil confirman el establecimiento permanente de un nuevo comedor en Ábedes.
