xoves 05.12.2019

"Beep, beeep... Tienes un repugnante mensaje"

Es habitual recibir denigrantes mensajes por Whatsapp sin permiso del receptor.
Es habitual recibir denigrantes mensajes por Whatsapp sin permiso del receptor.

"[email protected] tenemos un amigo o amiga que manda tonterías a los grupos de WhatsApp—y si no lo tienes, es que eres tú"como tuitearía la Vecina Rubia en sus Redes Sociales.

Hace un par de semanas bloqueé a un amigo en mi WhatsApp. No sé que bicho le picó, pero de repente, comenzó a enviarme las típicas fotos chorras de chistes sobre mujeres. Bueno, para ser más exactos, sobre tetas y culos.

Hace un par de semanas bloqueé a un amigo en mi WhatsApp. No sé que bicho le picó, pero de repente, comenzó a enviarme las típicas fotos chorras de chistes sobre mujeres. Bueno, para ser más exactos, sobre tetas y culos.

Le llamé la atención una vez.

    —Pepe, —vamos a llamarle Pepe, para preservar su identidad—  ¿dónde vas? A ver, macho, —esto con segundas, claro— tú te das cuenta de que: primero, estas cosas no tienen ni pizca de gracia. Segundo, si a ti te la hacen, a mí, ya sabes por descontado, que no. Y tercero, te tenía por un hombre más inteligente —esto último, me consta que le jodió bastante. 

Pues nada, el chaval que debe de tener una época mala, vuelve a insistir.

   —Mujer, no te enfades. Es de broma.

   —Pepe, te vuelvo a repetir, que la gracia se la verás tú. Yo, por muchas vueltas que le dé, no me río viendo a una mujer desnuda, o medio desnuda en situaciones estúpidas. Te voy a bloquear. No quiero eso en mi teléfono.

Bueno, pues parece que no es una época mala lo que tiene, sino una crisis del copón, porque insistió una tercera vez. 

Bloqueo al canto. Punto. 

Y ahora, me pongo seria.

Hace dos años montaron una exposición en la calle donde vivo. Eran una serie de murales que representaban situaciones de discriminación que las mujeres vivimos a diario y que habitualmente pasan desapercibidas por lo normalizadas y aceptadas que las tenemos. Los llamados “micromachismos”. 

Recuerdo pasar con mis hijos y pararme a leer con ellos las diferentes situaciones que se reflejaban en ellos, con viñetas y leyendas que explicaban este tipo de comportamientos y los corregían aplicando la perspectiva de género. 

Cada día, durante los días que estuvo la muestra en la calle, leíamos y comentábamos dos o tres de ellos a la vuelta del colegio de camino a casa.

En una de ellas explicaban la brecha salarial.  

Según el informe de Eurostat del año 2017, en nuestro país las mujeres trabajamos sin cobrar desde el pasado 7 de noviembre, o lo que es lo mismo, 55 días gratis, hasta el 31 de diciembre. El informe nos cuenta además, que España es el segundo país dónde más ha aumentado la brecha salarial (un 0´9%), y que en el conjunto Unión Europea ha descendido un 0´2%.

Mi hijo, que tenía nueve años, se me quedó mirando y volvió a leer en alto el panel. 

   —¿Qué te parece que a las mujeres nos paguen menos dinero por hacer el mismo trabajo?  

   —Pues me parece muy mal, mamá. No lo entiendo. Eso no puede ser. No está bien. No es justo. Y no debería de permitirse.  —sentenció, frunciendo el entrecejo. 

Bien. Mi hijo es feminista.

Y tiene razón. No debería de permitirse. Pero igual que eso, que nos parece tan obvio, tampoco deberían de permitirse otras cosas. 

Sólo hay una forma de alcanzar la igualdad real y es bloqueando determinadas actitudes, determinados comportamientos y determinadas situaciones.

Si recibo un mensaje obsceno y degradante, dónde la mujer es un trozo de carne, lo rechazo y lo digo. Muy alto. No me callo.

Si recibo un mensaje obsceno y degradante, dónde la mujer es un trozo de carne, lo rechazo y lo digo. Muy alto. No me callo. Callarnos y reírles la gracia, —que no tiene— es perpetuar el machismo. No hacer, también es hacer. Es ser cómplice. Es no mojarse. Es dejarlo pasar. No lo hagas. Yo no quiero esperar dos siglos. Quiero que el contador deje de girar. Quiero que el machista se entere de que no tiene cabida. Que no tiene soporte. Que no tiene quien le ría las gracias. Que vosotros, los hombres, también le dais la espalda.

Pepe, si estás leyendo esto, entiende por qué lo he hecho. Entiende que no queremos esperar doscientos años. Entiende que hoy va por [email protected]

"Beep, beeep... Tienes un repugnante mensaje"
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