luns 01.06.2020

Lo que no se ha querido saber del coronavirus

Importante reflexión del jefe del Servicio de Ginecología del Hospital de Verín, Javier Castrillo, uno de los golpeados recientemente por la pandemia, de manera indirecta. En el texto plantea algunas cuestiones destacadas que harán entender mucho mejor algunas de las decisiones tomadas por los comités técnicos y científicos que están gestionando esta crisis en España. 

Sanitarios desplegados con carteles en recuerdo de Laura, la sanitaria fallecida contagiada de Covid-19 que trabajaba en Gestlab (Grupo IMQ), prestando su labor en la Clínica Zorrotzaurre. | FOTO: H. Bilbao/EP
Sanitarios desplegados con carteles en recuerdo de Laura, la sanitaria fallecida contagiada de Covid-19 que trabajaba en Gestlab (Grupo IMQ), prestando su labor en la Clínica Zorrotzaurre. | FOTO: H. Bilbao/EP

Me parece significativo, y creo que merece como mínimo una reflexión, la paradoja de que en la era de la información y los datos en la que vivimos, cuando se hacen mapas de intención de voto, que se actualizan continuamente con un error mínimo de cálculo; cuando sabemos qué cadena de televisión está viendo en cada momento la gente en su casa; cuando se hacen estudios de mercado que nos desnudan y conocen hasta nuestras preferencias más íntimas, por poner algunos ejemplos, hayamos sido pasmados espectadores y víctimas de una pandemia que, habiendo surgido meses atrás a miles de kilómetros y conociendo sus efectos, se nos ha metido hasta la cocina explotándonos en las narices.

No debería haberse esperado a que se diagnosticara en un paciente hospitalizado con un cuadro grave para dar la voz de alarma; por pura probabilidad en ese momento ya había muchos infectados asintomáticos ignorados diseminando el virus por todo el país

El hecho de que no se hayan establecido, sabiendo que nos iba a llegar, mecanismos para detectar lo más precozmente su presencia entre nosotros, ni se haya hecho un seguimiento evolutivo de su posterior expansión con estudios transversales seriados para conocer su propagación entre la población, nos ha hecho ir de la mano de un ciego. Se sabía que presenta un elevado porcentaje de infectados asintomáticos. No debería haberse esperado a que se diagnosticara en un paciente hospitalizado con un cuadro grave para dar la voz de alarma; por pura probabilidad en ese momento ya había muchos infectados asintomáticos ignorados diseminando el virus por todo el país.

Sabiendo el alto porcentaje de portadores asintomáticos que se dan en esta pandemia, que no se hayan hecho estudios epidemiológicos que aporten los datos básicos para tomar a priori las medidas más eficaces posibles para protegernos de ella o para saber si las ya tomadas eran las adecuadas y estaban siendo eficaces o no para ralentizar la expansión lo suficiente para evitar el colapso sanitario, no se entiende. Tampoco se entiende que no se haya hecho un estudio a todos los profesionales que, por realizar labores imprescindibles, no han podido ser sometidos a confinamiento, especialmente a los sanitarios, pues puede que muchos de ellos hayan estado actuando como nichos y vectores de contagio, a menos que se sospechara que de hacerse, el número de positivos iba a ser tan elevado que la consecuente medida de apartarlos del servicio se consideraría imposible y se haya optado por la política del avestruz.

Tampoco se entiende que no se haya hecho un estudio a todos los profesionales que, por realizar labores imprescindibles, no han podido ser sometidos a confinamiento, especialmente a los sanitarios, pues puede que muchos de ellos hayan estado actuando como nichos y vectores de contagio


Creer que el número de contagiados que se publican diariamente extraído exclusivamente del cómputo de resultados positivos en tests hechos a pacientes con sintomatología compatible que acuden al hospital se ajusta a la realidad es tan infantil como creer que un iceberg se reduce a la parte del mismo que sobresale del del agua.

Haciendo estudios transversales para saber el porcentaje de contagiados de la muestra y extrapolando los resultados a la población total podría determinar una estimación aproximada del número total de contagiados. Decretar unas medidas de confinamiento sin conocer esos datos es dar palos de ciego.
Tenemos medios para predecir con semanas de antelación el tiempo atmosférico que vamos a tener y, sin embargo, una plaga que nos habían avisado que venía nos ha vapuleado como si hubiera surgido de la nada. ¡A ver!

Lo que no se ha querido saber del coronavirus
comentarios