mércores 16/06/21

Reconstrúyanse

En la mítica Shangri-La, entre las montañas y el lago, se halla el monasterio budista de Songzanlin, un lugar de calma y espiritualidad que recibe al viajero con la escalera de la vida. Los monjes que lo habitan eligieron libremente pertenecer a este refugio atrapado en el tiempo y la religión. Hoy entramos en la leyenda.
582
Entrada a uno de los santuarios de Songzanlin con cortinas hechas de pelo de yak. | FOTO: Mila Ojea

Hay lugares a los que uno viaja y de los que nunca vuelve. Y esos son los regalos que atesora el viajero, cuando se encuentra a sí mismo en medio de la nada. Algo así me sucedió cuando llegué a la parte china de Tibet, una zona acotada por inmensas montañas bañadas de nieve y vientos que traen buenos augurios. Entramos en uno de los lugares más espirituales que he conocido para llenarnos de paz y energía: Songzanlin.

583Vista de Songzanlin sobre el lago. | FOTO: Mila Ojea

Al amanecer, cuando una fina capa de hielo brilla sobre la hierba seca, se puede ver a los monjes dando vueltas alrededor de los muros de este imponente monasterio, tal como mandan sus preceptos. Siempre se hace en la dirección de las agujas del reloj. Estamos en la mítica Shangri-La, al suroeste de China, tierra de magia y leyenda. Y vamos a entrar en la zona más importante de la secta Gelukpa, a 5 kilómetros de las afueras del pueblo Zhongdian.

Es el mayor monasterio budista tibetano de la provincia de Yunnan, a los pies del monte Foping, también llamado Guihua o Ganden Sumptseling, aunque se le conoce cariñosamente como “El Pequeño Potala” haciendo referencia al templo símbolo del Tibet y de la ciudad de Lhasa, porque mantiene cierto parecido en estructura y estilo arquitectónico.

584Ventanas y tejadillos. | FOTO: Mila Ojea

Su construcción se inició en el año 1679 y se completó en el 1681. Este monasterio nos muestra una forma similar a la de un castillo que se divide en diferentes edificios y zonas separadas por callejuelas, como una pequeña ciudad acotada. Todas y cada una de sus partes están en perfecta armonía con el conjunto. A lo largo del tiempo ha sufrido numerosas restauraciones, desde la Revolución Cultural, donde los daños fueron muy grandes. Aún se pueden observar algunas secuelas de los deterioros. Es el templo más grande de Kang, el centro de la Secta Amarilla de Sichuan.

585Detalles coloridos en las columnas. | FOTO: Mila Ojea

En el interior del pabellón principal –con capacidad para unos 1.600 lamas que se sientan en meditación y cantan las escrituras budistas- podremos admirar un total de 108 columnas de madera, las cuales soportan el peso del edificio. Esa cifra concreta no es ninguna casualidad, puesto que el 108 es uno de los números más representativos del budismo tibetano. Es un número muy ligado a tradiciones orientales, especialmente al Bön, Budismo, Hinduismo y Jainismo. Se considera sagrado, y una vez que se constituyó en símbolo, su uso proliferó en todos los aspectos relacionados con la religión o la cultura en Asia. Se dice que 108 son las vidas de Buda, el número de sus reencarnaciones, pero no hay confirmación de este hecho.

586Mujeres vestidas con las ropas tradicionales. | FOTO: Mila Ojea

El monasterio cuenta con tres templos principales y casas en las que residen los monjes. Las familias locales reciben tierras que son usadas para crear viviendas para los monjes. En las construcciones usan distintos materiales y técnicas, lo que rompe con un criterio de uniformidad, pero al mismo tiempo da diversos aspectos para un único fin. Se trata, visualmente, de admirar un solo elemento de diferentes formas.

El color rojo es otro de sus símbolos más utilizado. Predomina en la mayor parte de las salas y los edificios están llenos de decoraciones budistas tales como pinturas y tapices mostrando escenas budistas cotidianas. Así podemos asomarnos a una parte de su vida y ver también gran cantidad de figuras y esculturas de Buda. Los edificios están rematados de cobre chapado con oro. La sala de Dratsang es amplia y magnífica, y en ambos lados de las habitaciones del ala oeste, los murales fueron tallados con hermosos motivos.

587La escalera de la vida. | FOTO: Mila Ojea

Este lugar fue hecho para el entrenamiento en las escrituras y los fundamentos de la vida monástica. En él se estudian los cánones budistas, la artesanía, la astrología y la medicina. Además, los monjes se retiran varias horas cada día para reflexionar y meditar sobre el significado y las implicaciones de la filosofía budista.

La escalera que nos recibe al entrar simboliza las etapas de la vida, en 146 escalones o pasos, de modo que al ir ascendiendo iremos pasando de la infancia a la madurez y en su parte más alta alcanzaremos la vejez. Su ubicación, en la cima de una colina, fue elegida por el 5º Dalai Lama mediante la adivinación. Nada aquí ha sucedido por casualidad, todo está perfectamente medido y trabajado para alcanzar la pureza absoluta.

588Rueda de oración. | FOTO: Mila Ojea

Encontraremos además varias ruedas de oración. La más grande, en una sala de paredes con murales y cientos de lazos atados en sus laterales. Otras, más pequeñas, en pasillos, para que al pasar a su lado resulte fácil hacerlas girar con un simple movimiento de la mano. Quizá son estos elementos los que hacen en realidad girar el mundo y parar el tiempo a nuestro antojo… Dios profetizó: árboles profundos y primavera clara, el cielo de oro que tiene.

La escalera que nos recibe al entrar simboliza las etapas de la vida, en 146 escalones o pasos, de modo que al ir ascendiendo iremos pasando de la infancia a la madurez y en su parte más alta alcanzaremos la vejez. 

593Monjes descansando al lado de pequeñas ruedas de oración. | FOTO: Mila Ojea

Dentro del monasterio hay muchas escrituras budistas impresas en hojas de palma, que han sido utilizadas por los anteriores Dalai y Panchen Lama, así como las ocho esculturas doradas de Sakyamuni, el príncipe indio que en el siglo 5 a.C. fundó el budismo. Los murales pintados por lamas de renombre muestran deidades guardianas, escenas de la vida de Buda y la rueda de la vida que representa los seis reinos de la existencia: el cielo, los semidioses, la humanidad, el infierno, los fantasmas hambrientos y los animales. El centro de la rueda simboliza la ignorancia, el odio y la codicia: los tres venenos de la vida.

589Monjes saliendo de un santuario. | FOTO: Mila Ojea

Aquí viven unos 700 monjes y lamas dedicados al estudio y la recitación de mantras. En sus mejores tiempos llegó a albergar a más de 3000. Van vestidos con túnicas de un intenso color granate y son especialmente discretos ante la presencia del viajero. Me sorprendió su juventud –a los 5 años ya pueden ingresar- y la calma que irradian. Uno de ellos me recibe al traspasar las gigantescas cortinas de pelo de yak –uno de los animales símbolo de estas tierras- en el primer santuario. Nos arrodillaremos ante él y pondremos un billete de 5 yuanes en una bandeja. Tras eso, el monje nos pasará una escobilla por la cabeza y nos entregará una pulsera de bolitas de madera bendecida.

590Uno de los comedores. | FOTO: Mila Ojea

Estamos a 3.300 metros sobre el nivel del mar y las montañas nos miran fijamente. Incluso en agosto hay nieve. Se puede pasear por todo el monasterio pero en algunas salas no está permitido hacer fotografías. Pese a que cada zona nos sorprenderá por su opulencia, a mí personalmente me encantó una habitación que parecía un estudio en el que tallar o pintar, como si un artista bohemio hubiera estado allí dejándose llevar por la imaginación y de repente hubiera huido. Era un pequeño comedor y el sol entraba tímidamente iluminando aquella mesa abandonada con los platos y las migajas de una última cena. Había una historia que contar pero la desconozco.

591Detalles del monasterio. | FOTOS: Mila Ojea

En cualquier caso, sólo les recomiendo que busquen tiempo suficiente para pasear por el monasterio libremente. Lo más importante, siempre, es el respeto. Podrán ver a los monjes cantando y, reunidos como chiquillos en cualquier esquina, hablando entre ellos. Se darán cuenta de que son personas especiales que han elegido esa vida por una razón.

592Las 108 columnas rojas. | FOTO: Mila Ojea

¿Se imaginan poder gozar de ese privilegio? Elegir su vida… Piénsenlo. ¿Qué decisión habrían tomado? Abran las ventanas de su interior y asómense al vacío. Busquen allí otro comienzo, otra oportunidad, una vuelta atrás. Reconstrúyanse: rompan paredes, añadan un río, iluminen ciertas zonas oscuras, cambien el latido de su corazón. Vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen… Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar… Y vivir es reírse, como escribió Carmen Martín Gaite. Y vivir es reírse, sí.

Reconstrúyanse
comentarios