venres 17/09/21

Amores de un verano incesante

Si hay una ciudad que busca la perfección en su estética esa es la soleada Miami. Su máximo nivel lo alcanza en el distrito Art Decó, donde todo es exuberancia, hedonismo, aceite bronceador, cuerpos divinos, neón y colores pastel. Cada rincón destila vida y enamoramientos de verano que duran para siempre.
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Vehículos vintage en una avenida del distrito Art Decó de Miami. | FOTO: Mila Ojea

A veces basta con cambiar los colores para empezar una nueva vida. Suena banal pero es cierto. Cambia la mirada, el ánimo, los contrastes. El viajero sabe mucho de luz y mutaciones, de contrapuntos, de rascar en la superficie para llegar al alma de las cosas. Siempre está buscando, insaciable, voraz.

Vayamos a un pasado teñido de colores pastel, a un lugar que es rescatado y atemporal, nadie sabe su edad y a nadie le importa. Siempre huele a aceite bronceador de coco, cloro de piscina y juventud recalentada. Eso sentí cuando caminé por las calles del distrito Art Decó de la ciudad de Miami. Una urbe solar, nítida y que desprende vida por todos sus poros de ladrillo y asfalto.

658Palmeras y neones, símbolos del distrito Art Decó. | FOTOS: Mila Ojea

Se sitúa en el extremo sur de South Beach y es perfectamente reconocible por el estilo de sus edificios. Tiene una personalidad propia y única en el mundo. Destila elegancia, líneas estudiadas y una perfección exagerada. Sus construcciones datan de finales de los años 20 pero están reconstruidas y mimadas para mantener ese glamour que las caracteriza. Abundan los hoteles y apartamentos turísticos: es el precio de la fama.

Todo aquí es exuberancia, hedonismo y extravagancia. Una postal de lo inalcanzable, una realidad distorsionada.

659Mural en una avenida. | FOTO: Mila Ojea

El movimiento Art Decó nació en Europa a comienzos del siglo XX y mezcla el art noveau y el diseño industrial. Tuvo su apogeo durante la Gran Depresión de Estados Unidos, allá por los años 30, a causa de la crisis bursátil. El gobierno de Roosevelt promovió una renovación dinámica incluso en la arquitectura. Se creó para imprimir un halo de fantasía a las almas alicaídas de la población. Su base es una geometría elemental acompañada de ornamentos con motivos náuticos y tropicales como flamencos y palmeras. Su espíritu se basa en  colores suaves, líneas paralelas, bajorrelieves y neones.

660Colores suaves y encanto atemporal. | FOTOS: Mila Ojea

A partir de los años 60 Miami sufrió un declive y perdió atractivo como destino turístico pero en los 80 recuperó su esplendor gracias a que importantes figuras de la música, el cine y la moda comenzaron a invertir aquí su dinero. Uno de ellos fue el diseñador italiano Gianni Versace, cuya espectacular casa en Ocean Drive ha sido convertida en hotel de lujo tras su muerte. La compró por 3 millones de dólares e invirtió 32 en su apabullante remodelación. El modisto fue asesinado por un admirador psicópata en la escalinata de la entrada a la mansión en 1997. La gente suele hacerse fotos de dudoso gusto –frente a los guardias de seguridad que bostezan de aburrimiento ante estas escenas esperpénticas de las que son testigos a diario- en ese punto donde perdió la vida trágicamente.

661Entrada y fachada de la mansión de Gianni Versace. | FOTO: Mila Ojea

Ocean Drive, Washington Avenue y Collins Avenue son las tres calles principales, el barrio se despliega a partir de ellas en manzanas con el límite azulado de la playa. Su estado de conservación es increíble teniendo en cuenta que es una zona centenaria, muy turística, intensa y multicultural, llena de arte y locales animados las veinticuatro horas del día. Perdura un ambiente desenfadado y festivo, mantiene su lucha contra la tristeza.

Por las mañanas la gente hace deporte, practica el brunch en las terrazas y disfruta de un primer baño en las aguas templadas por las corrientes del Golfo de México. Las tardes son ideales para las compras en lujosas boutiques y la exhibición de cuerpos hormonados y moldeados que alcanzan la perfección y la obsesión –botox y silicona a raudales-. La noche, en cambio, iluminada por los colores estridentes de los neones, es un conjunto de música en directo, coches deportivos de gran cilindrada que rugen como leones y multitudes elitistas bebiendo cócteles en los mejores locales de la ciudad. Todo ello sobreviviendo a la humedad pegajosa que traen los pantanales.

662Fachadas y decoración art decó. | FOTOS: Mila Ojea

A mí me encantaron los viejos automóviles aparcados en las aceras, de vivos colores y sabor cubano, que me trasladaron a otro tiempo de alegría y salsa. Llenan de vida las calles aunque sean meramente decorativos la mayor parte de las veces. Hay más de 800 edificios en este distrito y la mayoría son hoteles, que utilizan los vehículos como llamativo reclamo fotográfico. Todo aquí es exuberancia, hedonismo y extravagancia. Una postal de lo inalcanzable, una realidad distorsionada.

Tengan cuidado, además, con vivir aquí un amor de verano. Se lo digo porque el estío en estas latitudes es inacabable, lo que supone quererse para siempre. Y hay que estar muy loco o muy borracho o seguro de ello para adentrarse a ciegas en los procelosos caminos del enamoramiento. ¡Piénsenlo bien!

663Hotel Colony, un clásico del distrito. | FOTO: Mila Ojea

Lo explica mejor Antonio Agredano cuando escribe quiero volver a los sitios donde fui feliz, para quemarlos. Me persiguen la alegría de los sitios viejos, el placer de los polvos antiguos y el hambre de aquellos días muertos. El tiempo es uno y yo soy, desgraciadamente, el mismo. No sé qué relación tiene mi alma con mi cuerpo. No sé si está de ocupa, o si tiene este trozo de carne alquilado o si se metió en una hipoteca para sentir como propia esta arquitectura de víscera y hueso.

Lo mejor de todo es que, tras pasear por esas calles cuadriculadas llenas de ritmo caribeño, sudor y lujo, basta con cruzar la calle para alcanzar la playa. Es decir, el océano. Es decir, el infinito. Y eso ya es otra historia, amigos.

Amores de un verano incesante
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