venres 22.11.2019
Es la primera vez que se utiliza esta técnica reconstructiva con una víctima de la contienda española

Los verinenses Fernando Serrulla y Alba Sanín le devuelven el rostro a la madre palentina del sonajero, fusilada en 1936

El pasado 22 de junio, 83 años después, Martín Díaz Muñoz sujetaba de nuevo entre sus manos el sonajero de colores que su madre se llevó en el mandil a una tumba sin nombre, tras ser fusilada en la Guerra Civil cuando él era un bebé de nueve meses. Este sábado, Martín recuperó algo muchísimo más valioso: el aspecto de su madre en forma de retrato, elaborado por Fernando Serrulla y la artista forense Alba Sanín

Fernando Serrulla y Alba Senín, con el retrato de Catalina Muñoz, este sábado en la biblioteca palentina. | FOTO: ANTONIO QUINTERO (El Norte de Castilla).
Fernando Serrulla y Alba Senín, con el retrato de Catalina Muñoz, este sábado en la biblioteca palentina. | FOTO: ANTONIO QUINTERO (El Norte de Castilla).

No siempre el trabajo forense resulta inquietante o desagradable, hasta el punto de generar mayor desasosiego y desazón al familiar o allegado que yace sobre la camilla del profesional. Quizás, esta mañana, dos vecinos de Verín expertos en la materia, han conseguido, precisamente, lo contrario: devolver a dos de los cuatro hijos de la conocida como madre del sonajero, la sonrisa, al comprobar, fruto de la reconstrucción de Fernando Serrulla y Alba Sanín, cómo era el rostro de la mujer que perdió la vida fusilada en 1936.

Catalina Muñoz, que así se llamaba la malograda madre, fue apresada a la vuelta de la esquina de su vivienda, en la localidad palentina de Cevico de la Torre. Huía con su hijo Martín, de nueve meses -y hoy presente en el emotivo acto de la Biblioteca Pública de Palencia- en brazos. Estaba acusada de lavarle la ropa ensangrentada de su marido, después de que éste participase en una reyerta con falangistas que se resolvió con un muerto. Catalina fue juzgada y condenada, en principio a cadena perpetua, aunque finalmente acabó siendo fusilada el 22 de septiembre de 1936 a los 37 años, dejando cuatro hijos: Martín, Fernando, Lucía y Tomasa.

Fue enterrada en el parque de Carcavilla, con un atuendo muy particular y por el que fue protagonista años después de su muerte: al lado de sus restos estaba el sonajero de colores de su hijo Martín, el más pequeño de los cuatro

En su juicio admitió haber tomado partido en varias manifestaciones, pero nunca el formar parte de la confabulación que acabó con la vida de ese falangista. Nada valió en su defensa, y varios impactos de bala en su cráneo acabaron con su vida. Fue enterrada en el parque de Carcavilla, con un complemento muy particular y por el que fue protagonista años después de su muerte: al lado de sus restos estaba el sonajero de colores de su hijo Martín, el más pequeño de los cuatro. 

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El 22 de junio de 2019, Martín Díaz recuperó el sonajero que su madre llevó a la tumba. | FOTO: El Norte de Castilla.

La Sociedad de Ciencias Aranzadi, en colaboración con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia, hallaron sus restos en los trabajos de exhumación de 2011, y Catalina acabó recibiendo sepultura conforme al deseo de sus descendientes directos. 

83 AÑOS DESPUÉS

Ahora, 83 años después, Lucía ha podido refrescar la memoria que tenía del rostro de su madre, un rostro que casi se le había borrado porque no guardaban ninguna fotografía de ella. Y Martín, que ni siquiera tenía el recuerdo, se ha podido asomar, por primera vez, a la imagen de esa madre que solo estaba en su imaginación. El sueño lo han hecho realidad, además de las mencionadas Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia y la Sociedad de Ciencias Aranzadi; el antropólogo forense Fernando Serrulla y la artista forense verinense Alba Sanín. Ambos han unido ciencia y arte para dibujar una idea aproximada de cómo pudo haber sido el rostro de la palentina fusilada Catalina Muñoz Arranz.  

Serrulla comenzó inmediatamente el trabajo de aproximación facial de Catalina Muñoz y contó con la artista forense Alba Sanín, una joven verinense estudiante de Bellas Artes, para devolverle el rostro de Catalina a su familia

Almudena García-Rubio, antropóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, se puso en contacto con Fernando Serrulla, responsable de la Unidad de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal de Galicia del hospital de Verín y que colabora con la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Serrulla comenzó inmediatamente el trabajo de aproximación facial de Catalina Muñoz y contó con la artista forense Alba Sanín, una joven estudiante de Bellas Artes, para devolverle el rostro de Catalina a su familia. 

"Es una aproximación facial y no una reconstrucción, el rostro que generamos es aproximado pero no podemos conocer con exactitud el rostro de Catalina", comentaba Fernando Serrulla, quien explicó este sábado cómo el primer paso fue obtener una imagen del cráneo de Catalina. "Los disparos afectaban a regiones del cráneo, así que añadimos un margen de error. Con las fotografías de cráneo elaboramos un croquis antropológico, una reproducción del cráneo con profundidades de partes blandas basadas en bases de datos forenses. Una persona con problemas nutricionales, como podía ser Catalina, esas profundidades podrían ser de cinco milímetros, mientras que, para una persona con más peso, esas profundidades de partes blandas podrían ser de seis o siete milímetros", apuntaba Fernando Serrulla, antes de explicar cómo logró también posicionar la nariz, los ojos y la boca en el boceto antes de pasárselo a la artista forense.

"Catalina tenía una separación entre los dientes que se llama diastema, y la sonrisa de una persona con las paletas superiores así es un elemento importante", añadió el antropólogo forense, antes de ceder la palabra a Alba Sanín.

"Realicé un boceto inicial, pero luego hice otros con cambios. Hubo mucho debate hasta que realizamos la versión final", añadió Alba Sanín, quien, junto a Fernando Serrulla, hizo entrega de dos copias de ese dibujo a los dos hijos vivos de Catalina, Lucía y Martín.

MARGEN DE ERROR

No sin debate y tras muchos bocetos, antropólogo y artista se pusieron de acuerdo en la versión final del rostro de Catalina. "El resultado no es un retrato fiel de cómo era Catalina", ha insistido Fernando, porque hay elementos que necesariamente han tenido que inventar: "No sabemos cómo tenía las cejas, los labios, las orejas, el pelo que tenía o si estaba más o menos rellenita", ha explicado insistiendo en que hay un margen de error relativamente amplio.

Pero sí se ha conseguido "dotar de humanidad" a un trabajo científico y dibujar "la dimensión humana" que tiene la tragedia de una guerra. Y lo han hecho de una forma "relativamente fácil", asegura. Con una técnica que está bastante desarrollada en el campo de la antropología forense pero que nunca se había empleado para poner rostro a una víctima de la Guerra Civil.

sona3Lucía Díaz (segunda por la izquierda) y su hermano Martín, con el retrato de su madre, Catalina Muñoz. | FOTO: Almudena Álvarez / EFE.

Este sábado se lo han mostrado y entregado a sus hijos Martín y Lucía, y a sus nietas y al resto de la familia congregada en la Biblioteca Pública de Palencia entorno al rostro de Catalina. "Por fin hemos descansado. Estamos muy felices" afirmó Martina, la hija de Martín, emocionada porque hoy su padre ha visto cómo era su madre y su tía Lucía ha podido recordar aquel rostro que dejó de ver cuando solamente tenía once años. "Mi padre nunca imaginó que podría ver el rostro de su madre. Así que estamos felices porque la tenemos en casa", ha añadido Martina, que no había imaginado a su abuela "de ninguna manera" pero ahora que lo ve, le saca un gran parecido con su padre, el pequeño Martín: "Sobre todo de la nariz para arriba".

La que discrepaba un poco era Lucía, porque el dibujo que hoy le han entregado no se ajusta al cien por cien a la imagen que ha guardado estos 95 años: "Si es ella, se parece a mi madre, pero cuando era más joven y tenía el pelo largo", afirmaba después del acto muy emocionada al recibir el dibujo y ver los ojos, y las cejas, aunque no recordaba unos labios tan finos.

Los verinenses Fernando Serrulla y Alba Sanín le devuelven el rostro a la madre...
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