luns 26/10/20
Natural de A Rasela, fotografió para El País Semanal el interior de uno de los pabellones hospitalarios

Pedro Armestre, el verinense que documentó, cámara en mano, el drama y la esperanza de Ifema

Cuando la carga emocional que soporta con cada uno de sus reportajes sobrepasa los límites permitidos, Pedro Armestre decide escaparse a A Rasela, en Verín. Curtido en muchas luchas contra la justicia social o medioambiental, referente para la prestigiosa agencia de noticias France-Presse con sus fotografías durante años y ahora estrechamente vinculado a varias organizaciones no gubernamentales internacionales, obtuvo el privilegio de entrar en el pabellón 5 de Ifema para retratar, por encargo de El País Semanal, la vida y la muerte allí dentro. 

27/03/2020. Madrid
En tan solo 48 horas, la Comunidad de Madrid, junto al Ministerio de Sanidad y la Unidad Militar de Emergencias, consiguió habilitar un hospital de campaña que puede llegar a tener 5.500 camas en los pabellones del recinto ferial de Ifema, en Madrid. 
El Dr. Antonio Zapatero ha sido designado nuevo director del hospital que la Comunidad de Madrid va a abrir en IFEMA. Con el colapso de los hospitales en Madrid se ha determinado montar en el recinto ferial un hospital específico para la crisis coronavirus.
 © Pedro Armestre
Pedro Armestre, en el pabellón número 5 de Ifema, el pasado 27 de marzo. | FOTO: Pedro Armestre.

Buena parte de la población verinense, y de la aledaña, desconoce que estas tierras han parido a uno de los mejores fotógrafos de la actualidad, capaz de haber dado la vuelta al planeta alguna que otra vez, fotografiar al pianista Ludovico Einaudi en medio del Ártico o capturar sonrisas y muchas más lágrimas en campos de refugiados turcos o griegos, entre otras de sus hazañas. Su cámara ha sido los ojos de organizaciones no gubernamentales internacionales como Greenpeace o Save The Children y la agencia de noticias más antigua del planeta, la parisina France-Presse, vendió miles de fotos con su firma a los principales diarios del mundo. Se perdió, sin embargo, la imagen de una de las muchas cornadas que ha recibido en su vida, esta vez, real como ella misma, cuando el toro de la Vega, en Tordesillas (Valladolid), decidió vengarse con el menos indicado de todos los que allí se encontraban. 

Pedro Armestre.El fotógrafo verinense, con gafas, en el centro de la imagen con compañeros de su profesión. 

Comprometido en la lucha por la sensibilización e información relativa a la defensa del medio ambiente y los derechos humanos allá donde se vulneren, este hombre de Verín, A Rasela, de nombre profesional Pedro Armestre, fue el único elegido que pudo entrar con todo el tiempo del mundo en uno de los pabellones del hospital de campaña montado en el recinto madrileño de Ifema, por encargo de El País Semanal. Quiso estar, "porque ya antes había comenzado a documentar este obligado confinamiento por las calles de la capital". Al fin y al cabo, como el mismo resume, "mi trabajo es meter el dedo, hurgar en aquello que molesta, lo mío no es vender fotos de margaritas". 

Uno de Verín que no duda en escaparse cuando puede a su tierra. ¿Por qué?

Porque, simple, es mi lugar. He dado mil vueltas por el mundo, pero cuando elijo desconectar, elijo A Rasela, el Támega y la fuente "do Sapo". Hay muy pocos sitios, o ninguno, me atrevería decir, en el que me encuentre como lo hago en mi pueblo. Me siento, por ejemplo, muy cómodo en Pamplona, casi uno más -allí ha cubierto incontables Sanfermines-, pero en ningún lugar como en Verín. Mi sitio sigue siendo Verín y llevar a mis colegas a bares a los que parece que nadie quiere ir ya, como el Helvético. 

¿Por qué ese compromiso con lo injusto?

Bueno, creo que ha sido un proceso de evolución interno. Como todos nosotros, estoy siendo fruto de mi propio recorrido y he llegado a convertirme en un ser privilegiado, trabajando en aquello que me apasiona. Que, por cierto, no lo considero ningún mérito. El mérito lo tienen los que se pasan 35 años en un trabajo que no les gusta. Después de muchos años trabajando para agencias de prensa y varios diarios nacionales e internacionales, decidí centrarme en fundaciones y organizaciones medioambientales, y aquéllas en las que su principal misión es la lucha en pro de los derechos humanos, sobre todo, de los niños. Es una gran aventura que me lleva a viajar por muchos lugares, pero que tiene una carga emocional muy, muy alta.  

Fui sabedor desde el primer momento que esta era una historia enorme, el mayor desafío desde la II Guerra Mundial. Mi trabajo es documentar dramas sociales y estaba seguro de que este era uno más

¿Por qué acepta la encomienda de entrar en Ifema?

En cuanto estalló todo lo que estamos viviendo, yo empecé a cancelar viajes porque intuí la repercusión internacional que esta pandemia tendría. Tenía preparados nuevos desplazamientos a Grecia y Turquía, para trabajar en campos de refugiados sirios. Comencé a documentar las repercusiones de la aparición del Covid-19 por mi cuenta, sabedor desde el primer momento que esta era una historia enorme, el mayor desafío desde la II Guerra Mundial. Mi trabajo es documentar dramas sociales y estaba seguro de que este era uno más. El País Semanal pensó en mí, evidentemente ya había trabajado con ellos, y no dudé en aceptar el encargo. He sido el único fotógrafo que ha podido trabajar con tranquilidad 14 horas dentro del pabellón número 5, que acabó desmontándose cuatro días después de haberlo documentado. Ha sido un privilegio para mí, he sido su único testigo.  

Póngale nota a lo que ha visto, por favor. Y me estoy refiriendo a las instalaciones. 

En tres días se ha montado un hospital que es una verdadera pasada. Evidentemente, no tendrá las comodidades, sobre todo para el personal, de un complejo hospitalario al uso, pero los enfermos de coronavirus siempre estarán muchísimo mejor en Ifema que en una silla de un sitio de urgencias de cualquier otro hospital. Por no hablar de las unidades de cuidados intensivos que allí se montaron. Creo que debemos sentirnos orgullosos de lo que se consiguió en tan poco tiempo. 

Está curtido en situaciones reales muy difíciles. ¿Se imaginó algo así alguna vez?

Realmente, creo que nadie podría haberlo imaginado. Somos protagonistas de una sociedad cómoda, los hijos de unos padres que pasaron penurias en su infancia y nietos de unos abuelos que vivieron una guerra. Nosotros no tenemos posibilidad de comparar, como ellos. Vivimos en una sociedad que nos lo ha permitido todo y ha sido esa prepotencia del mundo desarrollado, del mal llamado mundo desarrollado, el que nos ha llevado a acrecentar las consecuencias de la pandemia. Esta semana he viajado de Madrid a Barcelona. En el AVE de regreso, ¡éramos diez personas! ¡Alucinante! Era algo impensable semanas atrás. Recuerdo una película titulada "Los días no vividos", que recomiendo, de Alfonso Cortés Cabanillas, de hace unos diez años. En ella, en una de sus secuencias, se ve a la Gran Vía de Madrid totalmente vacía. Aquéllo que parecía ciencia ficción es ahora una realidad. 

Explique un poco mejor dónde aprecia esa prepotencia, por favor.

Sencillo, nos estaban avisando y nosotros, los de a pie, tampoco quisimos verlo. Algo similar ocurre con la lucha contra el cambio climático, ¡llevo 25 años documentándolo! Siempre pensamos que es cosa de esos hippies ecologistas y luego, cuando vienen cuatro temporales seguidos a destiempo, nos paramos a pensar: "Oye, a ver si a lo mejor va a tener algo que ver eso del cambio climático".

¿Son imágenes muy duras las que podemos ver en El País Semanal? 

No, las hay, por supuesto, pero hemos cuidado mucho su edición. No es el momento, sobre todo cuando todos estamos siendo víctimas de una situación nueva para todos nosotros. Por supuesto que he visto sufrimiento, a médicos desviviéndose, profesionales sobrepasados de horarios, con un insomnio brutal. Pero, a nivel visual, no es dramático. He estado en situaciones mucho más crueles visualmente. 

¿11 de marzo de 2004, por ejemplo?

Sí, me tocó trabajar, en la estación del Pozo de San Bernardo. No he querido volver a ver las fotos. Fue algo parecido a lo que estamos viviendo en Madrid estos días. Recuerdo como en aquella ocasión la capital también se paró. Se le pidió a la ciudadanía que procurasen no salir a la calle. Pero, nada parecido a la sensación que transmite la ciudad ahora. Es algo curioso, se ha vuelto un lugar inhóspito. No puedes tocar nada, no te puedes sentar en ningún sitio. Madrid es ahora un territorio hostil. Aunque para nosotros, los fotoperiodistas, es un poco nuestro momento, porque somos muy pocos los que podemos salir y sabemos que no encontraremos a nadie haciendo fotos con el móvil que luego llegas a ver en un periódico. 

Todos, sin excepción, estamos viviendo lo que yo llamó el duelo constante en soledad. Cada día hay un disgusto nuevo, y no dudo de que todo esto acabará haciéndonos mella. También en lo económico. En Madrid se está pasando hambre, y no se está hablando de ello.

¿Qué le dicen las fotografías que ya ha tomado de ese Madrid vaciado?

Nada, no me dicen nada porque el silencio es alucinante. La ciudad se ha vaciado por completo, la vida se ha parado hace un mes y no sabemos por cuanto tiempo. Además, todos, sin excepción, estamos viviendo lo que yo llamo el duelo constante en soledad. Cada día hay un disgusto nuevo, y no dudo de que todo esto acabará haciéndonos mella. También en lo económico. En Madrid se está pasando hambre, y no se está hablando de ello. Gente en riesgo de exclusión social ahora se ha visto sin nada. Y auguro a que ese problema llegará también a la clase trabajadora. La recesión va a ser brutal, salvaje, esos ERTEs (expedientes de regulación temporal de empleo) que ahora se tramitan acabarán convirtiéndose en EREs (expedientes de regulación de empleo). Por encima de la pandemia, estará el gran retroceso económico que repercutirá con mucha más fuerza sobre quien más ambición tenía. 

17/03/2020. Madrid
Zona Puente de Vallecas. 

. © Pedro Armestre/ Save the Children Handout - No sales - No Archives - Editorial Use Only - Free use only for 14 days after release. Photo provided by SAVE THE CHILDREN, distributed handout photo to be used only to illustrate news reporting or commentary on the facts or events depicted in this image.


En el Puente de Vallecas, Madrid, un 17 de marzo de 2020, con la capital parada por completo. | FOTO: Pedro Armestre. 

¿Volverá a retratar la misma vida de antes?

Deberíamos ir a una vida más sencilla, que no más simple. No somos conscientes de la cantidad de cosas que hacemos necesarias para vivir, cuando se puede vivir con muchísimo menos. En estos momentos, quien tenía una vida mucho más sencilla antes, es ahora el que está viviendo mejor. El rural nos está ganando la partida en eso, la España vaciada nos está dando una gran lección. A día de hoy, la gente sí reflexiona. Pero cuando nos suelten, nos olvidaremos de todo. Un pequeño porcentaje de gente cambiará, pero la mayoría querrá seguir cogiendo aviones constantemente y viajar al extranjero sin conocer lo que tiene en su región, olvidando que las cosas verdaderamente importantes han sido y son los afectos. 

Nuestros lectores pueden acceder al trabajo de Pedro Armestre pinchando AQUÍ.

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