domingo 20.10.2019
Una lluvia de estos animales protegidos alertó en la noche del viernes al vecindario de la calle Muralla

El altísimo (el del octavo) castiga a Verín con una plaga de murciélagos

Si no existiesen imágenes de lo acontecido ni testigos que lo relatasen, resultaría increíble imaginar que el propietario de una vivienda dedicase parte de la tarde noche del viernes a capturar murciélagos con un alicate, provocarles la muerte e, ipso facto, lanzarlos por la ventana. Pero, como la realidad suele superar a la ficción -en Verín mucho más-, algo así ocurrió en el número dos de la calle Muralla. 

Así estaba la calle Muralla, en sus primeros metros, alrededor de la medianoche del viernes al sábado.
Así estaba la calle Muralla, en sus primeros metros, alrededor de la medianoche del viernes al sábado.

Les invito a que por un momento se imaginen lo siguiente: han salido de copas por las calles del casco viejo de Verín, degustan alguno de los pinchos que pueden prepararles en la plaza, se toman un par de chupitos en alguna de sus terrazas -el tiempo todavía lo permite- y deciden concluir el exceso nocturno con un par de gintonic en algún lugar de copas de la calle Muralla. Su automóvil, por esto de imaginar, estaba estacionado en uno de los aparcamientos disuasorios más amplios de la villa, el situado en la calle Rosalía de Castro. Hacia él se dirigen por la empedrada vía hasta su desembocadura en la avenida de Laza. A la altura de su número 2, coincidiendo con el portal de entrada de una de las construcciones más elevadas de la villa, comienzan a lloverle desde el octavo pequeños proyectiles todavía calientes aunque ya inertes víctimas de la acción del hombre. Uno, dos, tres... y así hasta al menos el medio centenar. Levantan la vista y no dan crédito a lo que ven: uno tras otro caen desde las alturas un séquito de murciélagos ya sin vida y sin aparente explicación. Una vez impactan contra el suelo, comprueban que llegan muertos. La escena es tan dantesca, inesperada, increíble y cruel, que no se les ocurre otra cosa que llamar a los efectivos de la Policía Local, que se personan antes de la medianoche del viernes en el lugar para buscar una razón a tan particular lluvia. 

 Levantan la vista y no dan crédito a lo que ven: uno tras otro cae desde las alturas un séquito de murciélagos ya sin vida y sin aparente explicación

octavo1Desde el octavo piso del número dos de la calle Muralla llovían el viernes murciélagos. 

La calle, cuando llegan los agentes, está ya sembrada de especímenes sin latido. No son tres o cuatro, los testigos llegan a contar hasta 57, más los que el titular de la vivienda de donde provenían recogió y más tarde abandonó en un contenedor. La explicación, asombrosa, roza lo esperpéntico. Según relató el propio protagonista a varios vecinos, con el cambio de dos de sus ventanas en el último de los pisos del edificio, descubrió una amplia colonia de murciélagos, animalitos que el titular atenazaba con unos alicantes hasta provocarles la muerte y más tarde lanzaba por la ventana. Así, hasta el medio centenar.

Según relató el propio protagonista a varios vecinos, con el cambio de dos de sus ventanas en el último de los pisos del edificio, descubrió una amplia colonia de murciélagos, animalitos que el titular atenazaba con unos alicantes hasta provocarles la muerte y más tarde lanzaba por la ventana.

murci2Dos del más de medio centenar de animalitos, muertos en el portal del edificio. 

Puede parecer absolutamente falaz la crónica anterior, pero nada más cerca de la realidad de lo acontecido en la tarde noche del viernes al sábado, que no dejan de atestiguarlo las imágenes que acompañan a esta información. Lo que seguramente desconocía el propietario de la vivienda es que varias especies de murciélagos ibéricos pueden guarecerse en el interior de las casas. Habitualmente utilizan grietas del tejado, aunque también es posible encontrarlos en cajones de las persianas, grietas de las paredes, desvanes, chimeneas u otros huecos de los edificios. Y, más aún, que la práctica totalidad de ellos están protegidos por convenios internacionales como los de Berna o Bonn, o legislación más próxima como el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Circunstancia que hace suponer que no tardará en elevar vuelo, en defensa de los ya cadáveres seres indefensos, la acción de la justicia

El altísimo (el del octavo) castiga a Verín con una plaga de murciélagos
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