Jorge Godás y Daniel Fernández-Novoa recuerdan a Antonio Fernández Torcuato

De juegos y sonrisas: el Movimiento Junior y la génesis de Toño Cesteiro

Jorge Godás y Daniel Fernández-Novoa, con el fallecido "Cesteiro".

Un buen amigo falleció hace semanas. Siempre fue la persona capaz de arrancarnos una sonrisa desde que éramos niños. Su nombre: Antonio Fernández Torcuato, o como él mismo decía en una de las muchas obras de teatro: “Torcuato Torcido Tuerto.”

Los comienzos del Movimiento Junior

Soy Jorge Godás y corría el año 1973. Qué niños más niños éramos, con bastante más inocencia que la que se respira ahora. A mediados de ese año habíamos entrado en el Movimiento Junior, aquella locura maravillosa que salió de la cabeza de Don Manuel y que supo contagiar a varias personas maduras de un Verín con ganas de avanzar, para que nos ayudaran a encauzarnos a los más pequeños y adolescentes.

Maravillosos comienzos: recogida de papeles y cartones para reciclar, marchas por el monte… Recuerdo especialmente mi primer magosto en el Junior, un 11 de noviembre de 1973.

Antonio Fernández Torcuato, en la lectura del pregón del Entroido 2024. | FOTO: Anabel G. Simón.

Mi padre me había dejado una cámara de 4x6 y moví todas las fotos (menos mal que solo eran 16 negativos). Aquel día fuimos con Juan Lozano como educador, al lado del parador. Recuerdo que iban Julio Grilo, Pablo y Juan Romero, Juan Ramón Jiménez (+), Ricardo Canillas y algunos más que ya no logro recordar.

Apenas llegamos, y tras asar las castañas y los chorizos, cayó una buena tormenta. Nos empapamos como “pitiños” corriendo a refugiarnos en el parador. Desde allí, Julio llamó a su padre, Pepe Conde, que nos fue a recoger en su Renault 7 crema por “fascículos”, es decir, haciendo dos o tres viajes.

El teatro y el talento de Toño

Decía que fueron maravillosos comienzos, pero me faltaba contar dónde conocí a Toño y desde entonces cuánto lo admiré y aprecié. Lo recuerdo sobre todo en las obras de teatro, tanto en el salón parroquial como en el cine Buenos Aires.

La primera que me viene a la memoria es “Querida tía Beba.” Imagino que los que leéis estas líneas la recordaréis: una historia sencilla pero eficazmente humorística. Un capitán (creo que era Carlos Rodríguez, hermano de Lela) redactaba una carta a un soldado, interpretado por Toño, a quien acompañaba un paquete con comida y bebida.

Cada vez que decía “... Querida tía Beba” o simplemente nombraba una coma, Toño, el soldado, abría el paquete y se ponía las botas de galletas y bebida (probablemente agua).

Ahí fue donde vi a Toño por primera vez. Enseguida se convirtió en el ídolo de los más pequeños: su capacidad de improvisación, su chispa, su imaginación limpia y sana nos cautivaron.

Era algo innato: dentro o fuera del escenario siempre tenía que soltar una broma. Estoy seguro de que era feliz haciendo felices a los demás. Qué forma más bonita de bondad, ¿no?

Campamento en Rianxo, 1974

Mi primer campamento fue en Rianxo, 1974. Era la primera vez que salía de casa tantos días, con una mochila roja (llena hasta arriba), casi tan grande como yo, una cantimplora plana comprada en el “Chuco” de la calle de la Cruz, y una flauta que nunca fui capaz de tocar bien.

Llevaba también biodramina, bocadillos de york y queso en pan Bimbo ovalado, Fanta naranja y un viaje eterno en el Villalón. Al principio todos cantábamos, pero los kilómetros interminables de aquellas carreteras acabaron mareándonos.

Cuando por fin llegamos, el panorama era desolador: el campamento había sido montado unos días antes por los mayores, pero la tormenta que llevaba horas gestándose se desató y aquello rompió en lo que hoy llaman ciclogénesis.

Nos metieron bajo la lona del futuro comedor. Me acuerdo abrazado a Juan Ramón Jiménez (+), los dos muertos de miedo.

Toño, el antídoto contra el miedo

Después de horas de tormenta, Don Manuel y los mayores nos demostraron que estábamos en buenas manos: gestionaron con el Concello de Rianxo que pudiéramos dormir en el grupo escolar, eso sí, en dos aulas distintas, chicos y chicas.

Nunca olvidaré aquellos chispazos de Toño y cómo los más mayores le seguían el rollo. Creo que sirvió para quitarnos el miedo que los más pequeños teníamos.

Por las noches conocí al auténtico Toño, chispeante, siempre con un chiste a flor de labios, sacándonos el miedo y la morriña.

Por las tardes, antes de dormir, no había fuego de campamento, pero sí reflexiones y pequeñas actuaciones, muchas dirigidas por Toño Cesteiro.

Uno de esos días me desapareció la flauta.

El Día de los Padres y la flauta

Y llegó el Día de los Padres. Con todos los nervios acumulados, lloré mucho al ver a los míos. Tras una comida abundante con mejillones, vinieron actuaciones, juegos y por supuesto, teatro.

La obra estrella la protagonizaba Toño: una recreación de la serie de moda “Kung-Fú.” Su vestimenta clavaba al personaje: sombrero, chaqueta, manta, pantalones claros… era idéntico.

La escena mostraba cómo, descalzo, se enfrentaba a unos malvados a los que, tras perder la pelea después de una serie de “mañas” súper ensayadas y coreografiadas, sacaba un rollo de papel higiénico y les leía, en verso, los cargos y sentencias de lo que habían hecho.

Y allí escuché algo que nunca olvidé: “...Y la flauta de Jorge Godás, que se la robasteis una vez y no apareció más...”

Durante años, cada vez que nos veíamos, recordábamos esa frase con una sonrisa.
(La flauta apareció al final del campamento, salvándose así del sufrimiento los oídos de todos.)

Toño "Cesteiro", el pasado 4 de febrero de 2024. | FOTO: Anabel G. Simón.

La mirada de Daniel Novoa

Soy Daniel Novoa y me uno al Movimiento Junior a mediados de los 70 del siglo pasado. A aquella obra increíble y casi milagrosa de D. Manuel Sulleiro, al que recordamos con cariño y agradecimiento varias generaciones de verinenses.

A esa organización juvenil que unió clases sociales y que permitió a muchos niños de Verín algo que hoy parece tan habitual como ver el mar o tener unos días de vacaciones en la playa.

Pues bien, en esos campamentos también me deslumbró la figura de un adolescente delgado, pecoso, de vivaces ojos azules, increíblemente ingenioso y al que todos seguíamos con admiración esperando sus gracietas como al flautista de Hamelín.

El humor como lenguaje universal

El primer recuerdo que tengo de él es en una velada de Navidad en el Salón Parroquial. Un niño cantaba la canción “Mamá, mamá, un bello sueño tuve ayer” de Jean Jacques y cada vez que pronunciaba la palabra “mamá” le respondía Cesteiro con un “papá”.

Y así toda la canción. Algo tan simple como eso pero lo hacía con tanta gracia que conseguía que nos desternillásemos de risa.

En mi imaginario figuran grabados los viajes en autobús a los campamentos de San Vicente do Mar. Un tedioso viaje que, incluso a veces decorado con el vómito de muchos de los niños, Toño Cesteiro contribuía a hacerlos inolvidables.

Canciones, teatro y pura alegría

Sus canciones: “Eu vou pa Maracaná, eu vou, si a Toniña non quere vir, eu vou... pa Maracaná”; o la mítica “Alá arriba naquel monte hay un caldeiro de mocos...”

Inolvidables su “Morris, he visto un fantasma...” o su “Madre, me muero.”
 

Ya instalados en San Vicente esperábamos con ansiedad lo que había preparado para los “Fuegos de Campamento” . Generalmente chistes, representaciones teatrales o monólogos al estilo club de la comedia ( hoy tan de moda). Inolvidables su  “Morris, he visto un fantasma...” o su “ Madre me muero” aquel año en que también se hizo viral la “Ramona” de Jorge Godás o el debut de otros niños que también llegaron a ser posteriormente personajes de excelencia en nuestro Entroido de Verín como Miguel Chita o los hermanos Boo Vaz. 

O algo tan difícil como era entretener a más de 100 niños en los días de lluvia. Desde el desayuno a la cena, en un comedor exterior bajo una carpa, Cesteiro subido a una mesa nos hacía pasar los momentos mas deliciosos y divertidos del campamento. Lo que podía ser una preocupación para los educadores se convertía gracias a él en un día inolvidable.

 

Sus bromas también eran legendarias, como aquel susto que dieron él y otro chico al bueno de Izquierdo disfrazados de fantasmas saliendo de las  tumbas del Cementerio que el campamento de San Vicente tenía en su parte trasera.

Un showman irrepetible

Ambos coincidimos en que así era Toño: risas sanas y divertidas, un chiste siempre a punto, una sonrisa siempre lista.

Crecía en talento creativo y lo volcaba en sus comparsas del Entroido: inolvidables el rescate vestido de bombero, la Brigada del 47, los rusos, Torrente, Chicote, los Tigres del Norte con sus coros de Mari y Juana, y este último año 2025, el dúo “Poco Dinámico.”

Sus imitaciones de Torrente y de Chicote fueron espectaculares. Los decorados, de nivel “dios.” Siempre fue un manitas, y en cualquier momento te sorprendía con un truco de magia digno de Tamariz.

Su legado y una propuesta final

Lo recordamos también en los teatros benéficos de Marita Oterino. Legendaria su imitación perfecta de Paco Martínez Soria.

Era un showman que, de haber nacido en USA, habría tenido un reconocimiento a la altura de cualquier cómico de Hollywood.

Hay que recordar también su capacidad de convocatoria internacional en la concentración de Harleys. Deberíamos valorarlo enormemente, como cualquier evento que traiga movimiento económico y ponga a nuestro pueblo en el mapa.

Agradecidos a Cesteiro, por haber contribuido a que nuestra infancia tuviera momentos irrepetibles, y orgullosos de su explosión posterior como figura excelsa del carnaval, tanto Jorge Godás como Daniel Novoa nos atrevemos a pedir la institucionalización de un Premio al Disfraz más Ingenioso en el Entroido de Verín que lleve su nombre.