xoves 04.06.2020
Nuestra protagonista, de A Rasela, es auxiliar de enfermería en la capital del Estado desde hace más de una década

"Nunci" Vaamonde, auxiliar del Hospital de la Princesa en Madrid: "Llegamos a tener 2 EPI's para ocho personas"

Comienzan a limpiarse y desinfectarse plantas del Hospital de la Princesa, en Madrid, en el que desde hace más de una década trabaja "Nunci" como técnico auxiliar de cuidados en enfermería. Dice estar acostumbrada a ver a la muerte de cerca, pero "nunca como lo que se ha vivido en las últimas semanas. Ver a un paciente de 50 años que se va en un momento es muy duro", asegura. 

"Nunci" Vaamonde, con las gafas que dice le obligarán a operarse las orejas.
"Nunci" Vaamonde, con las gafas que dice le obligarán a operarse las orejas.

Muy pocos verinenses habrán tenido la oportunidad de ver tan de cerca y en primera persona los devastadores efectos del COVID-19 en las últimas semanas, como la que ha tenido "Nunci" Vaamonde, una técnico en cuidados auxiliares de enfermería de A Rasela (Verín), pero al servicio de la sanidad pública madrileña en el Hospital de la Princesa desde hace más de una década. 

Habla con Diario do Támega desde la terraza de su domicilio, con la serenidad de saber que "lo peor de todo esto ya ha pasado, en mi hospital comienzan a limpiarse plantas enteras que semanas atrás han estado íntegramente dedicadas al cuidado de los enfermos víctimas de coronavirus. Mi hospital tiene diez plantas y solamente dos de ellas han mantenido su anterior destino, el resto se ha rehabilitado para atender a los enfermos de COVID-19", asegura. 

Era ama de su casa hasta que sus hijas se matricularon en el instituto. Antes había recorrido alguna que otra capital española. Fue, en ese momento, el del salto académico de sus retoños, cuando decidió formarse en cuidados auxiliares de enfermería: "En un primer momento creí que no valía para esto, pero, por mí, necesitaba trabajar. Acabó convirtiéndose en mi verdadera vocación", asegura. 

Dice estar acostumbrada a toparse de cerca con la muerte. Presta sus servicios en la planta de Digestivo, en la que acaban gran parte de los "enfermos cirróticos, que vas viendo como se deterioran paulatinamente, hasta que llega su momento. Por eso, en estas últimas semanas, estaba un poco inmunizada contra el dolor que te provocaba ver como un paciente de COVID-19 que se mantenía estable y con el que podía tener una conversación, en muy pocas horas comenzaba un proceso irreversible del que ya no podía salir. Es muy duro ver como un hombre de 50 años se te queda en un momento", afirma esta verinense afincada en el núcleo español de la pandemia. 

Es muy duro ver como un hombre de 50 años se te queda en un momento

Relata la locura que se vivió en su hospital, y como la improvisación fue el denominador común en los primeros compases de la propagación del virus: "Es evidente que las cosas no se hicieron de la manera correcta, creo que todo esto nos pilló a todos, sin excepción, muy desprevenidos y desprotegidos. Nosotros llegamos a contar con dos equipos de protección individual para ocho personas, nos reíamos para ver quién era el que se lo ponía... ¿quién lo llevaba? ¿la auxiliar que tenía hijos frente a la que no los tenía, o la de más edad por su mayor riesgo? Así hemos acabado contagiándonos -no es su caso, que permanece de momento libre de la enfermedad- unas 15 personas de las 50 que somos en una de las plantas, una auténtica barbaridad", afirma, no sin detallar cuales fueron los primeros equipos de protección individual que recibieron: "Teníamos que escoger entre esas batas quirúrgicas que al más mínimo tirón acababa rompiendo o los chubasqueros de a un euro en los chinos que te dejaban completamente empapada a las dos horas de uso por su nula transpiración", describe. Más tarde, los equipos "más decentes" comenzaron a llegar, aunque no por ello se redujo su nivel de sufrimiento: "Muchas de nosotras necesitaremos cirugía estética en las orejas, porque las caretas que estamos utilizando nos las están destrozando. Muchos no saben lo que se sufre con estos equipos, llegas incluso a no tener visibilidad alguna después de llevar un par de horas con las gafas puestas... y te aseguro que, si no acabamos contagiándonos de COVID-19, acabaremos contrayendo una pulmonía por lo mucho que sudamos". 

Nosotros tenemos una grandísima vocación, pero tenemos también nuestro miedo a acabar contagiados o contagiando a nuestras familias

Pero, no es su único sufrimiento: "Llevo, como muchas de mis compañeras, sin ver a mi familia desde el día 7 de marzo, lo único que hacemos es ir a trabajar y meternos en casa. Tengo una nieta de año y medio que hace más de mes y medio que no la veo. Pero te aseguro que no soy la única, y que hay casos muchísimo peores. Tengo compañeras que se han separado de sus hijos y marido, para prevenirlos. Nosotros tenemos una grandísima vocación, pero tenemos también nuestro miedo a acabar contagiados o contagiando a nuestras familias. Una compañera cuida a una anciana de 90 años que vive con ella, esa compañera acaba de dar positivo. La gente que trabaja conmigo lo está pasando muy mal, Por un lado, queremos estar ahí y a tope, pero también por otro lado está nuestra otra vida, a la que ahora, por vocación y prevención, hemos renunciado", explica "Nunci". 

nunci2""Nunci" Vaamonde, tercera desde la izquierda, en una de las manifestaciones de las "mareas blancas" en Madrid. 

Que nunca se olviden del esfuerzo que todos los integrantes de la sanidad pública han protagonizado. Por una sanidad pública hay que estar en la lucha siempre

La habrán visto en el "peche" del hospital de Verín, en los últimos días del pasado 2019. Firme convencida de que la sanidad pública debe ser uno de los baluartes de nuestro sistema, sabe muy bien y en primera persona que saliendo a la calle se evitan atropellos contra ella: "Las mareas blancas comenzaron en este hospital, el de la Princesa, cuando el gobierno de la comunidad madrileña tenía la intención de convertir este hospital en un geriátrico. Salimos a la calle para defender que no se suprimiese el servicio de Urgencias del centro hospitalario. Por una sanidad pública hay que estar en la lucha siempre", recalca, reclamando al lector "que nunca olviden el esfuerzo que todos los integrantes de la sanidad pública han protagonizado. Siempre hemos estado ahí, no somo héroes, no lo hemos sido nunca, hemos sido humildes servidores de la salud de nuestros conciudadanos. Somos gente normal, que vamos a trabajar con vocación pero que volvemos a nuestra casa con miedo, gente que va a donde sea, pero que tiene gente detrás a la que no quiere que le pase nada. Confío en que la ciudadanía no lo olvide después de esto, y que sigan manteniendo las principales recomendaciones sanitarias, para que no tengamos que volver a vivir algo parecido en los próximos meses", desea. 

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