martes 02.06.2020
Verinenses polo mundo: Mila Ojea

"Aspiro a atrapar el instante para siempre aunque sé que es imposible"

Son muchos los vecinos de la comarca que se disponen a coger la maleta y formar una nueva vida lejos, y desde Diario do Támega hemos decidido dar a conocer algunas historias que merecen la pena ser escuchadas. Hoy, estrenamos sección, "Verinenses polo mundo".

¡Esperamos que le guste tanto como a nosotros!

 

Nuestra colaboradora Mila Ojea.
Nuestra colaboradora Mila Ojea.

Diario do Támega estrena sección, “Verinenses polo mundo”, y creemos que la mejor forma de hacerlo es entrevistando a nuestra colaboradora Mila Ojea. Escritora y amante de los viajes, Ojea vive en el País Vasco debido a motivos profesionales, y cada quince días desde febrero comparte en este digital experiencias, películas, libros, fotos y reflexiones de sus incontables viajes alrededor del mundo, su atlas sentimental, como bautizó ella a sus escritos.

IMG_20191220_163642_981Mila Ojea en las islas Lofoten, su último viaje, el pasado septiembre. | FOTO: Mila Ojea.

¿Qué significa para usted viajar?

Es mi gran pasión y en ella aúno todo lo que me gusta: la fotografía, escribir, observar, mezclarme con otras culturas y aprender todo lo que el mundo puede ofrecer.

                

¿A cuántos lugares ha viajado? ¿Cuál ha sido el primero? ¿Y el último?

Nunca he contado los países en los que he estado y en algunos he estado varias veces. Hace un par de años una amiga me regaló un mapamundi pintado de dorado en el que, al rascar un país cualquiera, este aparece de otro color. Fui señalando todos los países que había visitado -alrededor de 40 países- y cuando vi el conjunto final me di cuenta de que aún me queda mucho mundo por recorrer.

El primer viaje que hice fue a la ciudad de Philadelphia, en Estados Unidos, con 24 años, fue la primera vez que me subí a un avión para ir a ver a mi hermana, que estaba allí trabajando. Y el último fue en septiembre a las islas Lofoten, en Noruega, estuve viviendo durante unos días en una cabaña de pescadores construida sobre el agua, en un pequeño pueblo, Hamnoy, que me dio una paz que jamás había conocido antes.

Si tuviera que quedarse con un viaje, ¿cuál sería?

Escogería uno que hice por Islandia hace un par de veranos. Es un país que me robó el corazón, nunca había visto una naturaleza tan brutal y tuve una unión casi espiritual con sus paisajes y horizontes. Volveré algún día porque me quedó mucho por ver.

¿Y alguno que no repetiría?

Todos los viajes me han aportado algo y no he tenido malas experiencias. Incluso en los lugares más insospechados he encontrado algún tipo de belleza que me ha demostrado que mereció la pena llegar hasta allí.

Al viajar se conoce gente, se integra uno en culturas diferentes a la nuestra. ¿Qué supone esto para usted?

Una apertura mental porque entras a formar parte de otros tipos de vida. Y al volver a tu rutina habitual, te haces más consciente de lo afortunado que eres. Aquí lo tenemos todo por mucho que nos quejemos. Cuando estoy en medio de un atasco, por ejemplo, y veo a alguien en el coche de al lado enfadándose porque llega tarde a dondequiera que vaya, me parece ridículo después de haber visto los verdaderos problemas que tiene la gente en países como Camboya, Kenia o Bolivia. He visto la pobreza más absoluta, enfermedades aquí erradicadas y las consecuencias de las guerras, y la gente siempre te regala una sonrisa. Eso es demoledor y te hace cuestionarte todo lo que has dado como válido anteriormente.

He visto la pobreza más absoluta, enfermedades aquí erradicadas y las consecuencias de las guerras, y la gente siempre te regala una sonrisa (Mila Ojea, escritora)

Si tuviera que decirle a nuestros lectores cuál es la persona de las que conoció a lo largo de sus viajes que la haya marcado especialmente, ¿quién sería?

Me resulta imposible elegir a una sola persona porque he tenido la suerte de conocer a gente muy interesante que además se han convertido en grandes amigos y son un faro en mi vida. Pero este verano estuve recorriendo el sur de Madagascar y me conmovieron profundamente los niños malgaches porque están llenos de una pureza que es muy difícil encontrar hoy en día, viven en unas condiciones a veces deplorables pero ofrecen una mirada y un cariño tan sinceros que aún estoy asimilando las vivencias de ese viaje.

Y respecto a las experiencias vividas, ¿podría decirnos cuál fue la que más la marcó psicológicamente?

Todo lo que viví en conjunto en un viaje por la India me dejó muy impresionada psicológicamente, creo que es el país más difícil en el que he estado y cuando me preguntan al respecto suelo decir que es un choque mental y cultural tremendo. India se ama o se odia, no hay término medio, pero hay que verla para creerla. Uno puede pensar que está preparado para enfrentarse a ella pero en cuanto pone un pie allí, te desarma. Hay que ser muy fuerte para ir.

Dicen que los viajes se viven tres veces. Al soñarlos, al vivirlos y al recordarlos. ¿Qué opina de esta frase?

Una gran verdad. Además hay viajes que crecen en el recuerdo y dejan semillas en tu memoria que van floreciendo con el tiempo.

Inició su recorrido por este periódico digital con una frase que dice: “Tómense un momento para pensar en esta palabra: perdurar”. ¿Qué significa para usted dicha palabra?

Un anhelo. Tengo la creencia de que todos dejamos una huella de nuestro paso por el mundo pero vivimos en una sociedad donde todo va demasiado rápido y la gente ya no da importancia a cosas que la tienen. Me asusta la incultura y los extremismos que nos asolan. Me gusta la calma, la capacidad de observar y tomar conciencia del paso del tiempo. Aspiro a atrapar el instante para siempre aunque sé que es imposible.

Tengo la creencia de que todos dejamos una huella de nuestro paso por el mundo pero vivimos en una sociedad donde todo va demasiado rápido y la gente ya no da importancia a cosas que la tienen (Mila Ojea, escritora)

Y sobre las redes sociales, ¿qué opina? Esa necesidad de compartir todo al instante…

Las utilizo pero tengo muchas dudas al respecto. Veo un gran vacío y una exposición innecesaria de ciertos temas. Además, han generado una auténtica obsesión por conseguir las mejores imágenes y demostrar a los demás lo felices que somos constantemente, y eso no es la vida real. Prefiero encontrar el alma de los lugares a los que voy y cada vez es más difícil porque todo está lleno de gente haciéndose fotos sin mirar a su alrededor. Se mueven en busca de un trofeo que no existe pero alimenta sus egos. No puedo entenderlo…

Además de los viajes, usted vive en el País Vasco. ¿Cuál es su rutina diaria? Supongo que viajar es una forma de escapar de ella, ¿no?

Trabajo como verificadora de calidad en una factoría de neumáticos por lo que, efectivamente, necesito viajar como forma de seguir soñando. Tengo muchas inquietudes y, mientras la salud me deje, quiero recorrer este planeta y vivir todo lo que pueda intensamente.

Y escribir, ¿qué significa para usted?

Una forma de canalizar todo lo que me aporta la vida, no sólo a través de los viajes sino también por experiencias y sentimientos propios y ajenos. Además, necesito leer para vivir. Aprendo mucho de los demás porque la gente me nutre al compartir momentos y escribir es vencer al olvido.

Sobre el futuro, ¿cuál será su próximo viaje?

En cuanto acaben las fiestas navideñas me voy a Filipinas. Y en la primera mitad del año tengo previsto un viaje a México y otro a China. El resto sobre la marcha...

Si tuviera que compartir ahora con nosotros una reflexión final, ¿qué nos diría?

Hay que viajar con el alma. Salir de la zona de confort no sólo abre las puertas del mundo sino también de nuestra mente. No valen las excusas como el dinero y el tiempo porque se puede hacer de muchas maneras. Nos ayuda a conocernos a nosotros mismos y es una forma de aprender valiosísima.

"Aspiro a atrapar el instante para siempre aunque sé que es imposible"
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