La Asociación Española Contra el Cáncer en Ourense denuncia el impacto de la supresión de trenes y reclama que se recuperen las paradas

El tren que no para en A Gudiña: la batalla por la dignidad de los pacientes oncológicos

Miles de personas participaron en la manifestación celebrada en agosto en A Gudiña para reclamar la recuperación de paradas ferroviarias. | FOTO: Noelia Caseiro.

El presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en la provincia de Ourense, Germán Rodríguez-Saá, ha dado un paso adelante y reclama que se recuperen las paradas de tren en A Gudiña. El representante autonómico de la AECC ha denunciado la grave situación que ha generado la supresión de paradas ferroviarias en pacientes oncológicos, una decisión de Renfe que está teniendo un impacto directo en la vida de pacientes y en la de sus familias: "No hablamos de estadísticas, hablamos de personas"

Muchos pacientes oncológicos en zonas rurales dependen del ferrocarril como única vía segura y asequible para acceder a sus tratamientos. Por eso, desde la entidad insisten: "No pedimos un privilegio, exigimos equidad y justicia. Exigimos que se devuelva a A Gudiña lo que nunca debió perder: una conexión ferroviaria que es mucho más que un servicio de transporte. Es una arteria vital para los pacientes oncológicos, para las familias rurales y para la dignidad de nuestra provincia".

Por eso, desde la AECC de Ourense apelan a Renfe, a Adif y al Gobierno a rectificar una decisión que consideran "injusta y deshumanizadora". Para la entidad, el tren debe concebirse no solo como un medio competitivo frente al avión, sino como una inversión de interés público que genere igualdad, cohesión territorial y oportunidades para la España rural. Su presidente lo decía bien claro: "Rectificar no es un signo de debilidad, es un acto de responsabilidad y humanidad".

El caso de Daniel

Germán Rodríguez-Saá ha puesto rostro a este problema. Para Daniel Óscar Santamaría, residente en Verín, el tren era más que un simple medio de transporte; era un ritual de esperanza. Cada semana, hasta el pasado 9 de junio, él y su esposa Cristina emprendían un viaje desde la estación de A Gudiña hasta Madrid, donde Daniel recibe un agotador tratamiento de quimioterapia. Aquel recorrido ferroviario no solo los conectaba con la capital, sino que les permitía regresar a casa el mismo día, un alivio incalculable en medio de una lucha extenuante contra un sarcoma. 

Pero el tren dejó de parar. Con la supresión de la parada de A Gudiña, aquel ritual se rompió, obligando a Daniel y Cristina a pernoctar en Madrid, con los consiguientes costes económicos y la incertidumbre de un alojamiento en medio de la vorágine de la enfermedad y de un proceso que ya es de por sí duro y agotador. El caso de Daniel no es una excepción. Su experiencia es el espejo de muchos pacientes oncológicos en zonas rurales. Por eso, Rodríguez-Saá recordó la importancia estratégica del tren en un territorio rural que se ve cada vez más desatendido: "No hablamos de transporte, hablamos de dignidad".