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La comarca de Verín y territorios colindantes se despertaron hoy bajo un manto de ceniza, con el olor a humo impregnando el aire. Las alarmas que comenzaron a sonar a media mañana de ayer martes en A Mezquita, y con más virulencia por la tarde en Oímbra, no han cesado. La noche, que se preveía larga, ha sido una batalla sin tregua para los equipos de extinción y para los vecinos que han visto cómo el fuego se acercaba peligrosamente a sus hogares.
Encaramos una nueva jornada de lucha contra la lacra de los incendios forestales. La virulencia de las llamas, avivadas por las condiciones climatológicas, ha dejado un balance de más de 340 hectáreas de monte arrasadas y ha mantenido en vilo a varios municipios, con dos importantes focos todavía activos.
El incendio de Oímbra, iniciado en la parroquia de A Granxa, se ha convertido en el principal foco de preocupación. Sus llamas, avivadas por el viento, se han tragado ya más de 200 hectáreas, extendiéndose sin piedad hacia el vecino municipio de Monterrei. El fuego no ha dado tregua, obligando a los efectivos a redoblar esfuerzos y a los vecinos a pasar la noche en vela. Mientras, tres brigadistas sufrieron las consecuencias de luchar contra las llamas.
A tan solo unos kilómetros de distancia, un segundo frente de batalla se libraba en A Mezquita, en la parroquia de A Esculqueira. Desde las 09:42 horas de ayer, otro fuego ha consumido alrededor de 100 hectáreas. En este punto, la colaboración ha sido la nota de esperanza, con medios terrestres portugueses sumándose a las labores de extinción, demostrando que la solidaridad no tiene fronteras cuando el monte arde.
A pesar de los múltiples frentes, el trabajo de los servicios de extinción y de vecinas y vecinos ha logrado parar el incendio de Vilardevós, que se reactivaba ayer tarde en la localidad de Santa Comba. Muy próximo a las viviendas, mantuvo en vilo a la población, que no pudo evitar que continuara hasta Moialde.
Mientras el sol ilumina el horizonte y los medios aéreos vuelven a despegar para un nuevo día de lucha, miramos con dolor las más de 340 hectáreas perdidas. Es la crónica de un paisaje herido, de un esfuerzo titánico y de una comunidad que, una vez más, demuestra su resiliencia frente a la furia del fuego. Los equipos de emergencia siguen trabajando sin descanso para controlar los focos que aún se mantienen activos y proteger a la población y el patrimonio natural.